Petrel de Bulwer o Buliveria bulwerii

Petrel de Bulwer o Buliveria bulwerii, como muchas especies de aves marinas insulares, el petrel de Bulwer sufre la amenaza de especies introducidas, como las ratas y los gatos, así como la alteración del hábitat causada por la presencia humana. El futuro de las poco más de 1.000 parejas que crían en las islas Canarias depende sobre todo de la gestión que se lleve a cabo en aquellos enclaves protegidos donde cría, especialmente en los roques de Anaga y Salmor y el archipiélago Chinijo.

Petrel de Bulwer
Longitud: 26-28 cm
Envergadura: 68-73 cm
Peso: 78-130 g
Periodo de cría: de finales de abril a principios de septiembre
Puesta: 1 huevo
Incubación: 44 días por término medio
Vuelo: 62 días

Cría en islas y cantiles de una amplia franja tropical, desde las Azores hasta Cabo Verde, en el Atlántico, y desde el este de China hasta Hawai, en el Pacífico. Cría en Hawai, Formosa, Johnston, Marshail, Marquesas, Fénix, Volcán y Bonín, y en todas las islas de la Macaronesia, incluyendo probablemente Santa Elena. En las islas Canarias ocupa prácticamente todas las islas e islotes salvo Fuerteventura, donde no se ha comprobado su cría (excepto en el islote de Lobos). Fuera del periodo reproductor se dispersan por aguas tropicales y subtropicales y sólo ocasionalmente se observan aves divagantes en el Mediterráneo occidental.

BIOLOGIA del Petrel de Bulwer

Es una especie estrictamente pelágica, es decir, que obtiene todo su alimento en el mar y fuera de la costa, casi siempre en solitarios desplazamientos nocturnos en busca de pescado, calamares, pequeños invertebrados y otros componentes del plancton flotante. A pesar de sus hábitos generalmente solitarios, durante el periodo de cría es una especie gregaria que ocupa roques marinos o pies de cantil, donde aprovecha huras, grietas o cualquier tipo de oquedad que le proporcione la vegetación o el terreno, incluyendo viejas madrigueras de otras especies marinas pelágicas.

En ese tipo de refugios instala el nido, donde pone un único huevo, blanco y mate, cuya incubación le lleva cerca de 45 días, desde mediado mayo hasta principios de junio. Como en otros procelariformes, los nacimientos son bastante tardíos, hacia julio, y los pollos, de negruzco plumón, permanecen en el nido hasta el mes de septiembre. la madurez sexual se alcanza tarde, como en general ocurre en las aves marinas; al menos cuatro años después del nacimiento.

HABITAT del Petrel de Bulwer

Es una especie migradora que transita las zonas tropicales y subtropicales del Atlántico y el Pacífico. De septiembre a marzo abandonan las zonas de cría: las poblaciones del Pacífico se dirigen hacia el sur y en parte hacia el índico, al oeste de las Maldivas, y las atlánticas toman una dirección sur y occidental, de forma que algunos grupos llegan a alcanzar las aguas sudafricanas y el golfo de Guinea por el sudeste, mientras la mayoría se desplaza hasta las costas venezolanas y brasileñas.

AMENAZAS del Petrel de Bulwer

Los problemas que afectan a esta especie son compartidos por otras aves marinas. La presencia del ser humano en espacios antes remotos y poco visitados ha provocado la entrada de especies domésticas como el gato y las ratas, que provocan importantes mortandades de pollos, destrucción de puestas e incluso muerte de adultos. Sin duda, uno de los problemas de conservación más acuciantes es la cada vez mayor densidad de población humana de las islas, residente o estacional. La demanda de espacios de recreo o residenciales ha provocado un grave descenso de las zonas adecuadas para la nidificación de aves marinas, entre otras especies animales. Algunas colonias de cría han desaparecido por este motivo en Tenerife y otras islas. Por otra parte, los puntos de luz cada vez más numerosos en las zonas costeras desorientan a las aves a la hora de buscar el nido y provocan accidentes y muerte de ejemplares, sobre todo jóvenes.

Otro factor de amenaza, muy habitual y conocido, es la contaminación marina, sea por hidrocarburos, metales pesados o desperdicios, que afecta a aves cuya dependencia del mar es absoluta. No es infrecuente encontrar aves petroleadas o muertas por ingestión de tóxicos.

Finalmente, también hay que considerar muertes por colisión en tendidos, así como la depredación natural por rapaces nocturnas u otras aves, que puede tener importancia en algunos casos concretos. Hasta ahora, las medidas de conservación se han limitado a dos estudios financiados por las administraciones autonómica e insular, llevados a cabo por la Universidad de La Laguna (1987), dirigidos a evaluar el tamaño y distribución de las poblaciones y las medidas de conservación necesarias.

En primer lugar, resulta imprescindible elaborar y cumplir un Plan de Conservación de la especie. Como es lógico, cualquier plan de este tipo ha de pasar por el control de especies introducidas, la vigilancia de las actividades humanas en los espacios de cría y la protección de las colonias para evitar la instalación de infraestructuras turísticas en sus proximidades. Por otro lado, resulta importante llevar a cabo estudios de campo para evaluar la situación y futuro de la especie, así como determinar el impacto de las pesquerías sobre las aves pelágicas. En dicha línea, sería de gran utilidad la creación de reservas marinas para proteger las zonas de cría y alimentación.

La población mundial se estima entre 200.000 y 300.000, aunque la población atlántica no supera unas decenas de miles. Existen indicios de un importante declive de las poblaciones españolas de Canarias. Su distribución es la siguiente: Alegranza, 100 parejas en 1993; Roque del Oeste, menos de 10 parejas en 2001; Montaña Clara, 100 parejas en 1990; La Graciosa, comenzó a criar en 1995 en dos pequeños enclaves de la isla; Lanzarote, seguramente más de las 50 parejas censadas en 1990; Lobos, algunas parejas en La Caldera; Tenerife, 400 parejas en 1987; La Gomera, 100 parejas en 1990; La Palma, 100 parejas en 2001.

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