Pardela pichoneta o Puffinus puffinus

Pardela pichoneta o Puffinus puffinus, se trata de una especie de distribución atlántica, y sobre todo norteña, cuya escasa población española resulta poco conocida. Parece claro, sin embargo, que en nuestro territorio es una especie en franco declive, provocado, sobre todo, por la depredación que sobre sus nidadas ejercen especies introducidas como las ratas.

Pardela pichoneta
Longitud: 30-38 cm
Envergadura: 76-80 cm
Peso: 350-575 g
Periodo de cría: de mediados de marzo a mediados de julio
Puesta: 1 huevo
Incubación: 47-55 días
Vuelo: 62-76 días

Especie típica del Atlántico norte, con sus mayores colonias en las islas Feroe, Westmann e Islandia; también cría en islotes de la costa noreste de Estados Unidos, en el Reino Unido y en la Bretaña francesa. Las únicas colonias de cría sureñas se sitúan en los archipiélagos macaronésicos: Azores, Madeira, Desertas y Canarias. La población española conocida se reduce a unos pocos enclaves en Tenerife y La Palma.

BIOLOGÍA de la Puffinus puffinus

Como otras pardelas, es una especie pelágica que depende del mar abierto, preferiblemente dentro de la plataforma continental, para su alimentación. Lo recorre incansable, volando a baja altura sobre las olas, alternando planeos y rápidos aleteos de sus alas bien estiradas. Sola, o en grupo, captura peces y pequeños cefalópodos directamente en vuelo, posándose o mediante rápidas zambullidas.

Es una especie de cría colonial que, en sus territorios de reproducción en nuestro país, busca zonas de ladera con buena vegetación; en Canarias llega a meterse en los barrancos más inaccesibles del bosque de laurisilva. Allí instala el nido en el interior de túneles naturales o de propia construcción, o viejas madrigueras, donde pone un solo huevo de color claro, ya a mediados de marzo. La incubación se prolonga hasta los 45 días y, al igual que otras aves de su familia, alimenta a los pollos con una olorosa papilla de pescado semidigerida que transporta en el buche.

Los pollos volantones comienzan a aparecer en el mes de julio, a los 70 días de su nacimiento aproximadamente, pero no abandonan la colonia antes de septiembre. Es por estas fechas cuando comienza el desplazamiento migrador de las poblaciones canarias, que buscan el sudoeste atlántico para la invernada.

Salvo raras excepciones, no alcanzan la madurez sexual antes de los 5 o 6 años de edad, aunque se conocen casos de individuos reproductores de sólo 3 o 4 años. La edad máxima constatada corresponde a un ejemplar que alcanzó los 30 años de edad.

HABITAT de la Puffinus puffinus

Es un ave migradora de larga distancia que realiza desplazamientos desde las zonas de cría hasta localidades tan lejanas como las costas orientales de Sudamérica, donde inverna el grueso de la población, o Sudáfrica, adonde llegan grupos más reducidos. Los adultos parten en primer lugar, ya en julio, mientras que los jóvenes no los siguen hasta el mes de septiembre. El retorno se produce hacia mediados de febrero. Su presencia en el Mediterráneo es excepcional y sólo se conocen citas aisladas en las costas andaluza y valenciana. En la costa cántabra, sin embargo, su paso resulta muy notorio durante el viaje posnupcial, entre agosto y noviembre.

AMENAZAS DE LA Puffinus puffinus

En un pasado no muy lejano esta especie y otras similares eran recolectadas por los lugareños para su consumo y, aunque su carne aceitosa no debía de ser un plato de gourmet, parece que se capturaban en grandes cantidades. Su principal problema de conservación, actualmente, parece ser la depredación de pollos, huevos y, en menor medida, adultos por parte de especies introducidas, como ratas y gatos; las primeras son especialmente abundantes en las laderas de Monteverde donde se instalan las colonias de cría.

Una vez más, las instalaciones de recreo y los albergues para el turismo tienen una grave incidencia sobre las aves marinas, por la ocupación del espacio en primer lugar, pero también, y en gran medida, por la contaminación lumínica que producen las farolas y otros puntos de luz en la costa, que desorientan a las aves, especialmente cuando son jóvenes. De la misma forma, los desechos producidos por la industria del turismo, unidos a la presencia de hidrocarburos o metales pesados en las aguas, son una fuente de contaminación que muy probablemente afecte a las aves.

A la vista de lo anterior, las medidas de conservación parecen evidentes. En primer lugar, resulta urgente la elaboración, publicación y puesta en práctica de un Plan de Conservación del Hábitat y una acción decidida de conservación efectiva de las colonias de cría. El control de las poblaciones de especies introducidas es de todo punto necesario, y no lo es menos la financiación de estudios que permitan conocer al detalle la distribución de la especie en las islas, el tamaño de su población y su tendencia demográfica. Un último punto a considerar sería el estudio del impacto, sobre ésta y otras especies pelágicas, de la pesca en aguas circundantes.

La población mundial se cifra en alrededor de 300.000 a 350.000 parejas. Existen indicios de un importante declive de las poblaciones españolas de Canarias, que apenas superan las 200 parejas. Se distribuyen de la siguiente manera: Tenerife, unas 20 parejas en 1990; La Palma, alrededor de 200 parejas en 2001; La Gomera, posible cría en el norte de la isla; El Hierro, indicios de cría en la zona norte.

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Me llamo Félix García y soy un fiel amante de todos los animales y por eso he creado este sitio para facilitar la información para muchos que como yo le gusta todo lo relacionado con este fascinante mundo que es el de los animales. Tambien soy el creador de Cable de redes.

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