Pardela cenicienta o Calonectris diomedea diomedea

Pardela cenicienta o Calonectris diomedea diomedea, la mayor parte de la población de la subespecie mediterránea de pardela cenicienta cría en unas pocas localidades de España, Italia (Cerdeña y Sicilia), Túnez (islas de Zembra), Malta (isla de Gozo) y Grecia (Creta).

La población española de Baleares se reparte por casi todas las islas, con máximos en Menorca, Cabrera, Dragonera y Formentera, entre otras. Cría también en Chafarinas y otras pequeñas islas (Alborán, Terreros, Columbretes y Palomas).

Pardela cenicienta o Calonectris diomedea diomedea
Longitud: 45-48 cm
Envergadura: 100-125 cm
Peso: 560-730 g
Periodo de cría: de finales de abril a finales de octubre
Puesta: 1 huevo
Incubación: 54 días
Vuelo: 97 días

BIOLOGIA de la Calonectris diomedea

Es una especie de hábitos pelágicos que no toca tierra más que para criar. Su principal alimento lo componen los peces de pequeño tamaño y los calamares y otros cefalópodos, que atrapa por medio de zambullidas o directamente de la superficie, siempre a la luz del día. Tiene un vuelo más pausado que pardelas pequeñas como la pichoneta, con batidos más regulares y espaciados, y a veces sigue a los pesqueros para aprovechar los peces que se arrojan por la borda.

Cría formando colonias en pedreras, cantiles y zonas poco accesibles y próximas al mar, y utiliza grietas, madrigueras de conejo o ubicaciones similares para instalar el nido. Para acceder a la colonia aguarda hasta la oscuridad total, formando balsas de decenas o centenares de aves alejadas de la costa, que se lanzan en tromba en medio de un griterío ensordecedor. La capacidad de encontrar cada una su nido en esa oscuridad es de todo punto sorprendente.

Tienen un bajísimo índice de natalidad, ya que no alcanzan la madurez sexual hasta los 6 o 7 años y sólo ponen un huevo, aunque no todos los años crían. A cambio presentan una escasa mortalidad en la edad adulta y son aves longevas; en la combi-nación de ambos hechos basan la continuidad de la especie, que se mantiene en unos niveles de población aceptables. Por dichos motivos, su capacidad de recuperar rápidamente una población esquilmada resulta muy limitada.

La incubación es larga, cerca de 60 días, y los padres se turnan en esa labor, dándose mutuamente hasta seis días libres para salir al mar y acumular reservas antes de tomar el relevo. Los pollos permanecen mucho tiempo en el nido, más de tres meses, y su crecimiento es extraordinariamente lento.

Los padres los abandonan en el nido ya a los cuatro días de su nacimiento, para ir a pescar en el mar, tarea que los lleva lejos de las colonias y los puede tener ocupados, a veces, más de un día. Cuando han llegado casi al final de su desarrollo, los jóvenes son abandonados definitivamente por los extenuados padres y deben aprender por sí mismos a pescar, momento en que se dan los mayores índices de mortalidad juvenil.

HABITAT de la Calonectris diomedea

Cuando termina la cría, hacia finales de octubre, las pardelas cenicientas abandonan el Mediterráneo y, en su mayoría, se dispersan por el Atlántico y alcanzan las costas orientales sudamericanas por el oeste y las costas africanas por el este, desde Mauritania hasta Sudáfrica. Por el norte, las pardelas llegan hasta las costas estadounidenses y británicas. El retorno se produce de forma progresiva ya desde el mes de enero.

AMENAZAS de la Calonectris diomedea

Las poblaciones baleares sufrieron una alta mortandad hasta los años setenta del siglo pasado, cuando eran tradicionales las “virotadas” (la pardela recibe el nombre de virot en mallorquín) o recolectas de huevos y pollos para el consumo humano. Estas prácticas disminuyeron mucho con la protección legal de la especie, pero los factores de amenaza no han desaparecido.

Por un lado, la pesca con palangre en el Mediterráneo ha aumentado notablemente, y ello ha causado mortandades anuales de centenares de aves. El palangre es un tipo de pesca no selectiva por medio de líneas de anzuelos cebados de varios kilómetros de largo, en los que no sólo cae pescado, sino también delfines y aves marinas buceadoras.

Tratándose de una especie que basa su estrategia demográfica en la longevidad de los adultos, las altas mortandades de éstos no permiten una recuperación satisfactoria de la población sólo a partir de los nacimientos. Tanto en sus áreas de cría como en las de invernada, la incidencia del palangre está produciendo una notable disminución de los efectivos de esta subespecie.

Por otro lado, las actividades humanas han causado una grave alteración del hábitat por efecto de las actividades turísticas, la urbanización, la excesiva iluminación de la costa, los deportes náuticos, la contaminación y la presencia en zonas antes poco frecuentadas. Ello ha influido también en el aumento de depredadores en las colonias de cría, donde ratas, gatos y especies afines al hombre, como la gaviota patiamarilla, causan giran mortandad de pollos y robo de huevos.

Entre las medidas de conservación necesarias se podría citar la protección legal de las zonas de cría existentes y las que hubo en un pasado, zonas que además deberían gestionarse adecuadamente, recreando el hábitat y eliminando depredadores.

Sin duda, deben llevarse a cabo estudios y seguimiento científico de la especie para conocer sus tendencias y problemas, sin dejar de prestar atención a la incidencia de la pesca en la disponibilidad de alimento para las aves. Debiera, además, imponerse el uso de medidas correctoras en la práctica del palangre, ya conocida y eficaz, para evitar la captura accidental de aves.

Por lo que respecta a la incidencia del turismo, sería importante regular las actividades acuáticas y la iluminación artificial cerca de las colonias de cría, así como evitar actividades nocturnas o acceso de paseantes en sus inmediaciones.

La población mediterránea se cifra alrededor de 50.000 a 60.000 parejas. La distribución es como sigue: islas Baleares, desde 2.500 parejas hasta más de 10.000, según autores; islas Chafarinas, entre 800 y 1.000 parejas en 2001; Islas Columbretes, 70 parejas; costa de Murcia y Andalucía, mínimo de 29 parejas en 1988.

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