Pagaza piconegra o Sterna nilotica

Pagaza piconegra o Sterna nilotica

Longitud: 35-38 cm

Envergadura: 76-86 cm

Peso: 200-300 g

Periodo de cría: abril a julio

Puesta: 2 huevos

Incubación: 22-23 días

Vuelo: 28-35 días

La condición fluctuante de la población de pagazas dificulta conocer su tendencia que, por ahora, parece estable. Tiene, sin embargo, un área de distribución muy restringida y fragmentada en, al menos, una decena de localidades, desde las marismas del Guadalquivir al delta del Ebro. Tanto el número de reproductores en cada colonia, como el número de éstas, muestran fuertes oscilaciones anuales relacionadas con las condiciones ambientales.

Donde viven

Existen tres subespecies que en conjunto abarcan Eurasia, el noroeste de África, Norteamérica, Bahamas, Antillas, Sudamérica y Australia, pero en núcleos dispersos y de pequeña superficie.

Biología del Pagaza piconegra

Especie bastante frecuente en aguas de interior, tanto dulces como salobres, pero puede anidar también en aguas costeras como salinas, marismas o deltas. Por lo general forma colonias densas en isletas o zonas emergidas y raramente en orillas, preferentemente en terrenos con baja cobertura vegetal y a veces junto a otras aves como gaviotas reidoras y picofinas, charrancitos o limícolas.

Su espectro de alimentación es más propio de una especie esteparia, aunque no resulta inusual observarla en la proximidad del agua, pues prefiere prospectar campos de cultivo o pastizales en busca de insectos, básicamente saltamontes y escarabajos. No desdeña, sin embargo, los pequeños vertebrados o los invertebrados acuáticos.

Suele poner dos o un máximo de tres huevos, incubados por ambos progenitores que se ocupan también de cebar a los pollos. Estos nacen bien cubiertos de plumón y abandonan el nido a los 3 o 4 días para buscar refugio en la Vegetación cercana.

Así se mueve

Es una especie migradora: las aves del norte y oeste de su área de distribución viajan en invierno hacia las costas occidentales de África y la región del Níger. Los movimientos migratorios van precedidos de una dispersión postnupcial durante los meses de junio y julio.

Amenazas del Pagaza piconegra

Uno de los factores que afectan a las pagazas es consecuencia de su propia conducta reproductora, pues las isletas donde nidifica están sujetas a cambios de nivel del agua que pueden inundar los nidos o dejar la zona en seco y accesible a los depredadores desde la orilla. Se trata fundamentalmente de zorros, roedores y otros mamíferos, que producen una importante mortalidad de pollos o robo de huevos. Un nivel de agua bajo también puede permitir el acceso de ganado que puede pisotear las puestas. Estos cambios de nivel pueden deberse a causas naturales, pero en muchas ocasiones dependen de las actividades humanas.

La desecación de humedales y la regulación de cauces fluviales han causado la pérdida de una buena parte de sus áreas tradicionales de cría, sobre todo en el norte y este de Europa, lo que ha conducido a un descenso de las poblaciones en casi todo el Paleártico. La intensificación agrícola, el uso masivo de insecticidas y la pérdida de eriales y baldíos con su fauna de insectos ha supuesto la desaparición de una parte importante del alimentó que las pagazas obtenían en los cultivos y campos adyacentes a los aguazales.

En otras ocasiones son los depredadores aéreos, como halcones peregrinos, lechuzas o gaviotas, los que amenazan a las colonias de cría.

El mantenimiento y restauración de áreas emergidas en humedales o la construcción de isletas artificiales parece representar una importante ayuda para esta especie allí donde se ha llevado a cabo (Fuente de Piedra, embalses de Orellana y de los Canchales, etc.).

Las medidas de conservación deben seguir dos líneas básicas: el mantenimiento de sus áreas de alimentación y la seguridad de sus zonas de cría. En el primer caso, se trata de regular el uso de insecticidas y la transformación de los terrenos agrícolas en las inmediaciones de las áreas de reproducción, tanto para garantizar una suficiente cantidad de insectos como para impedir la contaminación química de las aves. En el segundo caso, se debe evitar el acceso de depredadores o ganado a las zonas de cría.

¿Cuantas aves quedan?

La población mundial se cifra entre 80.000 y 300.000 ejemplares; la del Paleártico, en 12.000-22.000 parejas reproductoras, mientras España acoge a entre 3.000 y 3.500 parejas, cuya situación parece ser estable.

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