Características de los mamíferos y sus principales especies

La diversidad de los mamíferos

Un mamífero típico, como por ejemplo una comadreja, presenta las siguientes características (entre otras muchas):

—           Un esqueleto interno, óseo, articulado

—           Glándulas mamarias que alimentan a las crías

—           Un recubrimiento de pelos en casi todo el cuerpo

—           Unas crías que no nacen dentro de un huevo

—           Cuatro patas, con cinco dedos en cada extremidad, adaptadas para caminar y correr

—           Una cola visible, con una extensión de la columna vertebral

—           Un pabellón alrededor del orificio auditivo

—           Capacidad de controlar la temperatura del cuerpo, manteniéndola a un nivel constante y alto (en relación con la media ambiental)

—           Un encéfalo grande, con una considerable capacidad de aprendizaje y de modificar el comportamiento de acuerdo con la experiencia

La diversidad de los mamíferos

Todos los mamíferos tienen un esqueleto óseo y alimentan a sus crías con leche, y todos ellos, a excepción de los monotremas australianos (ornitorrincos y equidnas), dan a luz a sus crías desprovistas de cualquier tipo de cáscara o huevo. Los otros caracteres citados varían considerablemente, llegándose con ello a la enorme diversidad de aspecto que observamos entre los grupos de mamíferos representados en Europa.

La mayoría de carnívoros, entre ellos las comadrejas, los gatos, los zorros y los osos, poseen todas las características antes citadas, con la única excepción de que en algunos de ellos el número de dedos está reducido a cuatro. Lo mismo podemos decir de los roedores (ratones, ardillas, etc.), los lagomorfos (conejos y liebres) y los insectívoros (musarañas, erizos, topos), pero en estos mamíferos la capacidad de aprendizaje suele estar menos desarrollada. Algunos roedores e insectívoros, como por ejemplo los lirones y los erizos, reducen su temperatura corporal y su actividad durante el invierno (se dice que están en período de hibernación). En los ungulados, la reducción de los dedos es más acusada, y está relacionada con la velocidad en la carrera.

Características de los mamíferos y sus principales especies

En los quirópteros o murciélagos encontramos desviaciones más extremas respecto al mamífero típico; las extremidades anteriores se han convertido en alas y la temperatura corporal elevada sólo es mantenida durante los períodos de actividad, pues la temperatura desciende durante el reposo diurno y durante la hibernación. Las focas muestran desviaciones de otro tipo, en adaptación a la vida acuática. Las extremidades han quedado reducidas a una especie de aletas que contienen aún los elementos esqueléticos de los cinco dedos, los pabellones auditivos han desaparecido y la cola no es más que un rudimento. Las ballenas y los delfines han llegado aún más lejos: las extremidades posteriores han desaparecido, así como el pelaje y las orejas (nos referimos evidentemente al pabellón auditivo), mientras que la cola es ancha y musculosa, formando una estructura aplanada horizontalmente que constituye el órgano propulsor principal. A pesar de estos rasgos atípicos, las ballenas nos demuestran que pertenecen al grupo de los mamíferos por su sangre caliente, por criar con leche y por su necesidad de aire.

Especies introducidas

Diversos mamíferos exóticos han sido introducidos en Europa en distintas circunstancias y por diferentes motivos. Tenemos, por ejemplo, los casos del ratón doméstico y de la rata común, que llegaron sin ser invitados ni deseados, hace muchos siglos, y que actualmente están ampliamente distribuidos. Existen otras especies establecidas en Europa desde hace tiempo y que se consideran introducidas sobre la base de una evidencia más bien circunstancial, como sucede, por ejemplo, con el meloncillo o mangosta africana y con la gíneta. En estos casos, la distribución mundial de las especies (sobre todo en África), la ausencia de fósiles de estas especies u otras afines en Europa, y el hecho de que exista un motivo plausible para su introducción, a saber el control de las pestes de roedores, parecen afirmar que su presencia en Europa es debida a la acción del hombre. El erizo moruno y la mona de Gibraltar son otras dos especies que parecen haber sido introducidas en Europa.

En el caso de las introducciones más recientes, el origen es más fácil de encontrar. Existen diversos roedores (coipu, castor canadiense, rata almizclada) y carnívoros (visón americano, mapache, perro mapache) que fueron traídos a Europa por su piel y que o bien escaparon de las granjas (como sucedió, por ejemplo, con la rata almizclada y el visón) o fueron liberados deliberadamente (por ejemplo, el castor canadiense en Finlandia). Diversos ciervos exóticos han sido introducidos como animales ornamentales, inicialmente en parques y jardines vallados, o como piezas de caza. Estos animales procedían sobre todo de Asia oriental (por ejemplo, el ciervo sika y el muntjac), pero también de América (por ejemplo, el ciervo virginiano). Además, algunos ungulados europeos (como, por ejemplo, el gamo) han visto aumentada su área de distribución con los mismos fines.

Animales domésticos y cimarrones

Al hablar de cimarrones nos referimos a animales que han escapado, o han sido liberados, de su cautividad y que han dado lugar a poblaciones que reproducen y que viven sin ser controladas por el hombre. Este término se suele reservar para aquellos casos en que los antepasados cautivos habían sido domesticados hasta el punto de ser claramente diferenciados de la especie salvaje de la que derivaban, como sucede en la mayoría de gatos cimarrones. El visón americano es un caso intermedio, pues la mayoría de animales escapados eran domésticos y claramente diferenciales de las formas salvajes, pero la mayor parte de sus descendientes, que ya han nacido libres, se parecen mucho al visón americano salvaje, hasta ser indistinguibles.

Diversas formas de mamíferos domésticos, que de manera general pero equivocada son descritos como cimarrones (por ejemplo, los caballos de la Camarga) . Son considerados «domésticos» más que «cimarrones» debido a que sus cruzamientos suelen ser controlados añadiendo, suprimiendo o confinando animales, y a que suelen recibir alimento adicional de la mano del hombre. Su interés zoológico reside en que tanto por su aspecto como por su comportamiento representan formas relativamente primitivas, no mejoradas y localizadas que se hallan más cerca de las especies salvajes ancestrales (extinguidas en el caso de los bóvidos) que la mayoría de formas seleccionadas modernas. Además, suelen tener la suficiente libertad como para establecer organizaciones sociales, apareamiento y ecologías de alimentación similares a las especies salvajes ancestrales.

En algunos casos, las formas domesticadas son estudiadas junto con las especies salvajes ancestrales. Pero cuando se diferencian suficientemente de las especies ancestrales, como sucede con el perro y el lobo, con la oveja y el muflón, es mejor estudiarlos como entidades separadas, que generalmente tienen nombres latinos bien conocidos.

Hábitat y distribución

Europa proporciona una gran variedad de hábitats apropiados para los mamíferos; sólo carece de desiertos y de estepas secas, entre los tipos de vegetación principales de la zona temperada. Los mamíferos tienen sangre caliente y por ello su área de distribución no se ve afectada en gran medida por los efectos directos de la temperatura, sino más bien por la existencia del alimento y por la naturaleza física de la vegetación.

Muchos de los mamíferos terrestres muestran un área de distribución que corresponde más o menos a una o varias de las principales zonas de vegetación mostradas en el mapa. Así, el leming vulgar está confinado a la tundra y a las zonas montanas escandinavas, caracterizadas por una vegetación baja de arbustos enanos, juncos, etc., con un corto período vegetativo y largos inviernos fríos. El glotón y el alce de estepa a la zona de pastos más seca del sudeste europeo. La zona más amplia de Europa, en lo referente a la vegetación natural, es la zona de bosques caducifolios. Muchos de los mamíferos europeos están adaptados a este hábitat que, en mayor grado que otros, ha sido destruido y fragmentado por el desarrollo de la agricultura.  La actividad humana no sólo ha convertido los bosques en campos, sino que las zonas boscosas restantes han sido también profundamente alteradas por las talas y las repoblaciones forestales, así como por los animales domésticos. Muchos de los mamíferos menores de los bosques originales han sobrevivido en las zonas boscosas residuales y además se han adaptado a otros hábitats, como por ejemplo los setos vivos, los huertos y los jardines; así ha sucedido con el topillo rojo y, en menor grado, con el muscardino común. El corzo necesita áreas boscosas más extensas, pero ha sido suficientemente versátil para aceptar las plantaciones de árboles exóticos en vez de los bosques nativos. Los mayores mamíferos de ¡os bosques, el bisonte y el oso pardo, no se han adaptado tan favorablemente a las nuevas condiciones de vida y han desaparecido de la mayor parte de Europa occidental.

La zona mediterránea de Europa ha sufrido desde más antiguo los efectos de la mano del hombre. Allí quedan ya pocas zonas forestales originales, pero una serie de hábitats, como el bosque seco, el matorral y las zonas esteparias, proporcionan aún condiciones favorables para los mamíferos. La mayoría de éstos son los mismos que los de Europa central (por ejemplo, el erizo y el ratón de campo), pero algunos se encuentran únicamente en el sur de Europa (por ejemplo, el ratón balcánico); la musarañita está distribuida por todas las tierras bajas mediterráneas, y es tan pequeña (es él menor de todos los mamíferos) que cualquier hábitat le proporciona protección y alimento suficiente.

Existen unas pocas especies de mamíferos que son tan versátiles que no sólo ocupan todas las zonas naturales de vegetación europeas, sino que además se han adaptado también a muchos hábitats humanos. Así sucede, por ejemplo, con el zorro común, .al que podemos encontrar desde la tundra ártica hasta el matorral mediterráneo, desde las estepas orientales hasta las montañas escocesas, y desde las zonas cultivadas hasta los parques urbanos. La comadreja tiene asimismo un área de distribución muy amplia.

Algunas áreas de distribución no pueden ser interpretadas simplemente pensando en las zonas de vegetación, con o sin interferencia humana. Diversas especies de las zonas boscosas de Europa central, como, por ejemplo, el lirón careto y el topillo, no existen en Gran Bretaña; esto induce a creer que la separación de las Islas Británicas respecto del continente europeo ocurrió (hace aproximadamente 8000-9000 años) después de la última glaciación, sin que los bosques se hubieran podido extender hacia el Norte.

Los murciélagos se hallan menos afectados por las barreras acuáticas, pero son más sensibles a las temperaturas, y son poco frecuentes en la parte más septentrional de Europa. La mayoría de quirópteros son básicamente animales de los bosques, pero muchos de ellos emplean también las casas, los puentes y otras construcciones humanas durante las fases de reposo. Numerosas especies de murciélagos realizan unas limitadas migraciones hacia el Sur, pero sabemos aún muy poco acerca de la importancia y «la regularidad de estos viajes. Son más acusados allí donde los inviernos son rigurosos; así, gran número de murciélagos emigran de la Rusia europea central para invernar en los Balcanes.

Entre los mamíferos marinos debemos distinguir dos grupos: el de las focas y morsas, que están ligadas a la tierra o al hielo durante el período de cría, y el de los cetáceos, que permanecen siempre en el mar. Pero esto no quiere decir que los cetáceos sean enteramente nómadas: la mayoría de especies muestran áreas bien delimitadas, ya sea en aguas costeras o en aguas más profundas; algunas realizan migraciones anuales regulares en dirección Norte Sur. Podemos encontrar diversas especies de delfines en el Mediterráneo, el Mar Negro y el Báltico, pero ninguna de ellas está limitada a estos mares, y muchas poseen un área de distribución más allá del Atlántico septentrional.

Ecología y comportamiento

La ecología de una especie animal consiste en la suma de sus relaciones con el medio ambiente, y no sólo con el ambiente físico (tierra, agua, clima), sino también con el ambiente vivo, formado por las plantas y los demás animales. El comportamiento de un animal está adaptado a su medio ambiente, tanto de un modo general como en respuesta a las necesidades del momento; por consiguiente, la ecología y él comportamiento son dos temas íntimamente relacionados. El alimento es probablemente el aspecto más importante de la ecología de un animal. En la mayoría de mamíferos podemos reconocer una estrategia alimenticia, peculiar de su especie y que le permite explotar una fuente particular de alimentos con un mínimo de competencia con otras especies. Algunos animales tienen costumbres alimenticias muy especializadas (así, por ejemplo, la mayoría de murciélagos europeos no comen otra cosa que insectos), mientras que otros son más versátiles. Para determinar la estrategia empleada por una especie, suele ser necesario estudiar su comportamiento alimenticio durante la época del año en que el alimento es menos abundante. La mayoría de animales vegetarianos, por ejemplo, se alimentan durante el verano de un gran número de plantas distintas; animales tan diversos como los castores, los corzos, los alces, las liebres, los topillos rojos y las ratas de agua se alimentan de las suculentas plantas herbáceas que encuentran en las orillas de los ríos. Pero durante los inviernos rigurosos, su comportamiento alimenticio se especializa de maneras muy diversas: los castores comen las ramitas de los árboles que han cortado y almacenado debajo del agua, los corzos de las hojas de las zarzas y de los matorrales de hoja perenne, los alces del follaje de las coníferas, etc.

Muchos roedores son primariamente granívoros. Algunos de ellos, como el ratón de campo y la ardilla común, permanecen activos durante todo el invierno, nutriéndose especialmente de bellotas o hayucos y de semillas de coníferas, respectivamente, aunque son suficientemente versátiles como para dedicarse a otros alimentos si éstos vienen a faltar. Otros evitan la carencia alimenticia invernal entrando en hibernación; así sucede, por ejemplo, con diversas especies de lirones, con los susliks y los hámsters. Estos dos últimos almacenan grandes cantidades de semillas en sus madrigueras. Es un error muy frecuente creer que el fenómeno de la hibernación es más frecuente entre los animales de las zonas más septentrionales. De hecho, los inviernos árticos son demasiado largos para que la hibernación resulte una adaptación eficaz; la mayoría de animales hibernadores se presentan en las zonas temperadas, y especialmente en áreas de clima continental, con inviernos cortos pero rigurosos. La ardilla común y la ardilla gris no entran en hibernación, pero acumulan alimentos para el invierno, enterrando bellotas y otras semillas en diversos lugares, más que en un único agujero. Otra especie que utiliza grandes cantidades de bellotas es el jabalí, que las almacena internamente en forma de grasa, y la mayoría de cérvidos emplean también bellotas para recuperarse del celo otoñal.

Un factor importante para el papel ecológico que desempeña una especie es su organización social. Algunos mamíferos, como el ciervo común, la foca gris, los conejos y muchos murciélagos, son marcadamente coloniales, pero incluso las especies que suelen ser descritas como «solitarias» tienen una organización social característica… Los animales solitarios, como los zorros comunes y las musarañas, son generalmente territoriales: cada animal defiende un pedazo determinado de terreno, patrullando a lo largo de sus límites y manteniendo el contacto con sus vecinos, directamente o disponiendo señales olorosas. En el caso de las musarañas son territoriales los individuos jóvenes de ambos sexos; al término de la época de cría intentan desalojar a la generación vieja, conservando para sí los territorios hasta el inicio de su propio período de apareamiento, en la primavera siguiente. Los territorios están relacionados con la cantidad de alimento, y en el caso de que dos especies estrechamente emparentadas vivan en la misma zona, se observa la tendencia a explotar los recursos de maneras distintas más que la defensa de territorios mutuamente excluyentes. En la mayoría de mamíferos «solitarios», suelen ser los machos adultos los que muestran una territorialidad más estricta. Sucede con frecuencia, por ejemplo en el caso del zorro común, que el territorio de cría de un macho incluya varios territorios menores para sendas hembras; los machos jóvenes vagabundos son tolerados siempre que muestren el comportamiento adecuado y no amenacen la supremacía reproductora del macho propietario del territorio. Los tejones son también territoriales, pero es el grupo o «clan», y no el individuo, el que defiende el territorio. Todos los individuos del grupo marcan olfativamente su territorio, y distinguen su olor.

En muchos roedores pequeños, tales como los ratones y los topillos, la estructura jerárquica se desarrolla sobre todo cuando el número de individuos es elevado; en estos casos, dentro de los territorios de los adultos son tolerados jóvenes subordinados, no reproductores.

En la mayoría de cérvidos y otros ungulados, tales como la cabra montés y el rebeco, las hembras adultas y los animales jóvenes son permanentemente gregarios, mientras que los machos adultos son solitarios o bien forman grupos independientes. Durante el corto período de celo, los machos dominantes se unen a los grupos matriarcales y expulsan de ellos a sus rivales, más por ostentación que a través de luchas reales. Los murciélagos muestran ciertas similitudes con los cérvidos en este aspecto, pues por lo general los individuos de cada sexo viven en colonias separadas durante el verano, o período de cría, pero se juntan en otoño, para el apareamiento. Las focas son también gregarias, pero en este caso coinciden el período de apareamiento y el período de cría. Así, los machos adultos de la foca gris defienden su territorio.

Territorios ocupados por grupos de tejones en un área de 10 kilómetros cuadrados de zona boscosa (verde) y de campos cultivados. Cada territorio contiene uno o dos sistemas principales de madrigueras y está ocupado por un grupo de hasta doce tejones, están en zonas boscosas, pero dependen también del sustrato adecuado, aquí arenisca blanda. El área periférica no fue incluida. Playas de cría, y por lo general se aparean con varias hembras después de que éstas hayan parido a sus crías, pero antes de abandonarlas.

Los mamíferos y el hombre

Muchos mamíferos han desempeñado un papel importante en la historia del hombre desde la época en que éste era un cazador primitivo, y al mismo tiempo sólo unas pocas especies de mamíferos han escapado a la influencia humana. Los depredadores que constituían una amenaza directa para el hombre, como el león, han sido eliminados de Europa desde hace largo tiempo. El hombre ha cazado todos los grandes herbívoros por su carne y más tarde por deporte, los grandes cetáceos por su carne y por otros muchos productos, y también la mayoría de carnívoros por sus pieles. Los ungulados de mayor tamaño (bisonte, caballo, uro) han sido exterminados o casi. Por otro lado, muchos cérvidos han sido preservados para el deporte, y aunque su hábitat original ha sido destruido en gran parte, estos animales continúan estando ampliamente distribuidos y a menudo ayudados por el hombre: incluso se han introducido diversas especies exóticas. En la mayoría de países europeos, la caza de los cérvidos, así como la del jabalí y de otros ungulados, está severamente controlada; se han establecido épocas de veda, pero también se lleva a cabo una caza controlada para evitar un aumento excesivo de la población, que perjudicaría a los bosques y a las cosechas. Entre la caza menor, las liebres y los conejos son las especies principales. Constituyen también una fuente importante de alimento, pero su pequeño tamaño, su elevada tasa de reproducción y su capacidad de adaptación a las tierras cultivadas aseguran su supervivencia; en el caso de los conejos, su multiplicación es un problema para la agricultura.

Los carnívoros de gran tamaño, sobre todo el lobo y el oso pardo, han sido muy perseguidos, generalmente como medida de protección del ganado y de los animales de caza. Todos los carnívoros han sufrido la persecución del hombre. Algunos de ellos han conseguido sobrevivir en número considerable gracias a su adaptabilidad o a su capacidad de huida y camuflaje; así ha ocurrido, por ejemplo, con el zorro común, el tejón, el armiño y la comadreja. Otros se han visto diezmados a consecuencia de la tala de los bosques o de una excesiva persecución, especialmente encaminada a la protección de la caza, pero han conseguido sobrevivir y se han recuperado una vez han cesado estas presiones negativas; un ejemplo de ello lo constituyen la marta y el gato montés. Las nutrias han sobrevivido de forma asombrosa a las presiones de los peleteros y de las persecuciones encaminadas a la protección de la pesca, pero en los últimos tiempos sus poblaciones han disminuido alarmantemente en muchas zonas, por ejemplo en Alemania y en el centro de Inglaterra; ello es probablemente el resultado de la contaminación de los ríos y de una creciente perturbación del hábitat.

En los últimos tiempos se han realizado muchas investigaciones acerca de la organización social y ja ecología de los carnívoros y acerca de los factores que controlan las poblaciones de venados y otros animales preferidos por los cazadores (incluidas las aves). Parece demostrado que los carnívoros ejercen un reducido efecto sobre estas poblaciones y que son muy versátiles, pues adaptan su comportamiento a cada hábitat y suelen optar por aquellas presas que son más fáciles.

Entre los grandes cetáceos, las grandes especies de movimientos lentos y que habitaban cerca de las costas (la ballena xibarte y la ballena de Groenlandia) fueron exterminadas casi por completo de las aguas europeas durante la época de los veleros y de los arpones de mano, y una de ellas, la ballena gris, fue exterminada completamente del Atlántico. Los rorcualos más rápidos y de aguas más profundas (rorcual azul, rorcual norteño, rorcual franco) fueron drásticamente reducidos en el siglo pasado por la caza comercial de la ballena, pero los dos últimos sobreviven aún en número suficiente para permitir que cada año se casen un número determinado de ellos. Aunque no parece que evitemos la extinción a largo plazo de las especies.

Los quirópteros o murciélagos constituyen un grupo de mamíferos que tiene unas relaciones muy especiales con el hombre. Al Igual que las golondrinas y los vencejos, los murciélagos han adoptado las construcciones humanas (casas, puentes, minas, etc.). Para establecer sus cuarteles de reposo. Hasta cierto punto, podemos decir que las construcciones humanas pasarán a sustituir los viejos troncos huecos, que sin lugar a dudas fueron más abundantes en tiempos pasados. En muchas zonas, los murciélagos dependen en gran medida de las construcciones humanas, y por consiguiente son muy vulnerables a los rápidos cambios tecnológicos: nuevos métodos de construcción, tratamientos químicos contra los insectos de la madera, etc. Los murciélagos son grandes consumidores de insectos, y por ello resultan beneficiosos para el hombre, aunque tienen «mala prensa» debido a las supersticiones y la ignorancia. Los murciélagos gozan de una cierta protección legal en diversos países europeos. A pesar de ello, algunas especies están disminuyendo de manera alarmante y necesitan medidas internacionales de protección.

Cómo encontrar los distintos mamíferos

Los distintos grupos de mamíferos requieren técnicas muy diversas de detección. Entre los mamíferos terrestres de mayor tamaño debemos distinguir entre las especies vegetarianas (los ungulados) y los carnívoros depredadores. Los ungulados son más fáciles de observar. Aquellos que viven en los paisajes abiertos, como el reno de Laponia, la cabra montés de los Alpes o el ciervo común de las montañas de Escocia, suelen formar grupos de tamaño considerable. Aunque muchas veces son muy cautelosos, es posible acecharlos durante el día. El empleo de unos prismáticos) es apropiado cualquier aumento desde 8 X 30 hasta 10 x 50 (permite detectar los rebaños en las laderas lejanas sin molestarlos. Para observarlos desde más cerca es mejor acercarse a los animales en dirección contraria al viento. De todos modos, debemos indicar aquí que las observaciones a distancia, con ayuda de unos prismáticos o un telescopio, permiten estudiar mejor el comportamiento natural de los animales, que se vería alterado por la proximidad del hombre.

Los ungulados de las zonas boscosas son menos gregarios. Muchos de ellos, como por ejemplo el corzo, el ciervo sika, el muflón y el jabalí, suelen tomar su alimento en los claros o en las zonas abiertas cercanas al bosque; por lo general salen del bosque al atardecer, en busca de su alimento, y permanecen a cubierto, en el bosque, durante el día. Así pues, el mejor momento para observarlos será a últimas horas de la tarde. Con anterioridad se habrán buscado las huellas de su paso, los excrementos y las marcas en los árboles, pues estos animales muestran una gran regularidad de costumbres. Es muy importante también que el observador se mantenga oculto e inmóvil, pues cualquier movimiento será detectado por el animal aun antes de que éste se haga visible.

Algunos grupos de mamíferos pequeños muestran durante el día una actividad suficiente para poder ser observados en cualquier momento, aunque el momento óptimo será siempre la madrugada o las primeras horas de la mañana. Pertenecen a esta categoría los conejos y las liebres, así como las ardillas, las marmotas y los roedores acuáticos: ratas de agua, ratas almizcladas, coipús y castores. Recordemos aquí que las ratas comunes se observan en el agua, a menudo durante el día.

Los carnívoros de todo tipo, desde la comadreja hasta los osos, son particularmente difíciles de observar. Casi todos son estrictamente nocturnos, sobre todo en las zonas con proximidad humana, suelen ser solitarios y son mucho menos frecuentes que los herbívoros. Es necesario tener mucha paciencia, y tras una larga espera lo máximo que se puede esperar es conseguir una visión fugaz del animal. De todos modos, el observador decidido puede emplear diversas técnicas para aumentar sus posibilidades de establecer contacto con el animal que quiere estudiar. Puede buscar las madrigueras y luego permanecer al acecho, en las horas del amanecer o atardecer, para ver salir al animal. Las madrigueras de los tejones comunes son particularmente fáciles de reconocer por sus numerosos agujeros y la gran acumulación de tierra si se encuentran excavadas en un paraje abierto; las madrigueras construidas en zonas rocosas son mucho más difíciles de detectar. Las madrigueras de las nutrias pueden ser reconocidas por excrementos con espinas de pescado y, cerca de la costa, también caparazones de cangrejos.

Las huellas de las patas de los animales pueden indicar qué sendas son utilizadas con regularidad; si el suelo no es adecuado para que queden marcadas en él las huellas, puede ser útil la preparación de una zona apropiada, vertiendo arena o lodo. La colocación de ramas espinosas o cintas engomadas en lugares estratégicos, por ejemplo en el lugar en que el sendero pasa por debajo de una cerca, puede ser muy útil para obtener muestras del pelaje de los animales: los pelos blancos y negros de los tejones comunes son muy característicos y difíciles de confundir con los de otros animales. Otra técnica muy útil consiste en disponer un cebo en un lugar de cómoda observación; la colocación repetida de un cebo, por ejemplo de un conejo muerto, combinada con el estudio de las huellas que aparecen a su alrededor, puede proporcionar una idea bastante clara de los carnívoros locales, incluso si no se ha podido observar ninguno directamente.

Los roedores pequeños y las musarañas son casi tan difíciles de observar directamente como los carnívoros, pero existen muchas maneras indirectas de encontrarlos. Una forma consiste en colocar un cebo, unos granos o unas semillas, repetidas veces en el mismo lugar, en un punto que pueda ser observado con facilidad, especialmente durante la noche y empleando una luz roja. Las musarañas, los topillos y los ratones pueden ser encontrados algunas veces debajo de los troncos caídos, de tablas de madera o de metal. Puede ser interesante también levantar los maderos que el óleaje arroja sobre las playas: debajo de ellos es posible encontrar musarañas, que buscan allí diversos tipos de insectos. Para capturar pequeños mamíferos se pueden utilizar trampas de muchos tipos, desde las trampas domésticas para ratones hasta los complicados modelos que se emplean en las investigaciones ecológicas. Estas trampas se colocan bien camufladas entre la vegetación, o bien junto a las sendas utilizadas por los animales. Un cebo muy eficaz y empleado con frecuencia consiste en una mezcla de manteca de cacahuete y algún tipo de cereal, pero muchas trampas pueden ser utilizadas sin cebo; en este último caso se coloca la trampa en medio de una senda empleada por los animales o en algún lugar que despierte la curiosidad de éstos. Una trampa sencilla pero muy eficaz consiste en un recipiente de paredes lisas (vidrio, plástico, etc.) que se hunde en el suelo y que se cubre luego con un pedazo de madera. Para «colocar» la trampa, la tapadera de madera se dispone sobre unas piedras, para que quede a dos o tres centímetros por encima del borde del recipiente, y en el fondo de éste se deposita el cebo. Un recipiente de unos 30 cm de profundidad es adecuado para las musarañas y los topillos; para los ratones se precisará un recipiente algo más profundo. Todas estas trampas destinadas a cazar los animales sin dañarlos deberían contener siempre alimento seco suficiente y material para que el animal pueda cobijarse (por ejemplo, paja seca). Deberán ser examinadas por lo menos dos veces al día, y serán desarmadas cuando ya no se utilicen.

Otra forma de estudiar los pequeños mamíferos de una zona consiste en buscar sus restos en botellas abandonadas y en los alimentos regurgitados por los mochuelos y otros depredadores. Las botellas abiertas y abandonadas en algún rincón, por ejemplo entre la hierba o los matorrales cercanos a una carretera, constituyen a menudo una trampa para los mamíferos pequeños, que no pueden volver a salir de ellas y cuyos restos pueden ser identificados. La regurgitación de los pájaros contiene el pelaje y los huesos de su última presa. Las regurgitaciones de la lechuza común son particularmente interesantes. Este pájaro se alimenta de una gran variedad de musarañas y roedores, y además los cráneos de sus presas suelen quedar bastante intactos.

Al anochecer es bastante fácil observar murciélagos en vuelo, pero es extraordinariamente difícil identificarlos. Una clasificación exacta requiere localizar antes el lugar de reposo de estos animales. Los lugares posibles, como por ejemplo la entrada de una cueva, un árbol hueco o un edificio rural aislado, deberán ser vigilados al anochecer para ver si salen de allí los murciélagos. Dentro de las cuevas, de los sótanos y de los desvanes, algunas especies de murciélagos cuelgan del techo de manera bien visible. Pero otros descansan junto a las paredes o dentro de pequeñas grietas, y es más difícil localizarlos. Los murciélagos huidizos son los que viven dispersos, sin formar colonias.

Identificación de los mamíferos

Los mamíferos presentan una enorme diversidad, tanto de aspecto como de posibilidades de observarlos, y por ello son también muy diversos los problemas que se plantean en el momento de establecer una clasificación precisa; una gran parte de este articulo está dedicado a la descripción de los caracteres relevantes para la identificación. De todos modos, existen algunos puntos generales que es útil recordar si se quieren evitar algunos de los problemas más típicos, sobre todo cuando se trata de clasificar un animal, ya esté muerto o vivo.

Las medidas suelen ser útiles, y en algunos casos son incluso imprescindibles para establecer una clasificación exacta del animal en cuestión. La medida del tamaño total más empleada es la de «cabeza y cuerpo»; esta medida se toma desde el extremo del hocico hasta la base de la cola, con el cuerpo del animal completamente extendido y relajado. La longitud de la cola se mide desde la base hasta el extremo, sin incluir los pelos terminales. En el caso de muchos roedores, la relación entre la longitud de la cola y de la cabeza y el cuerpo es un carácter importante para la clasificación; debemos subrayar aquí que el cuerpo puede parecer mucho más corto cuando el animal está vivo.

Para poder utilizar las medidas del animal como carácter de clasificación, es necesario reconocer a los animales jóvenes, distinguiéndolos de los adultos. En muchas especies, como por ejemplo la mayoría de roedores, murciélagos y carnívoros, los animales jóvenes tienen el pelaje más gris que los adultos, y su tacto suele ser diferente, más suave. Sin una profunda experiencia sobre el tema, el aspecto de los genitales externos no suele ser útil para determinar la edad de un animal, pues la mayoría de mamíferos salvajes se aparean sólo en determinadas épocas y durante el resto del año sus genitales pueden presentar un aspecto parecido al de los animales inmaduros. Los pies, y en especial los posteriores, suelen alcanzar su completo desarrollo antes que el resto del cuerpo, y por ello los animales jóvenes los presentan desproporcionadamente largos. La longitud de los pies posteriores varía menos con la edad que otras partes del cuerpo, y por ello puede ser un dato muy útil para diferenciar ciertas especies, como, por ejemplo, las musarañas y los ratones. Los pies se miden desde la parte posterior del talón hasta el extremo del dedo más largo, incluida la garra. Si se trata de cráneos, los de los animales jóvenes pueden ser reconocidos por su fragilidad y por la ausencia de fusión entre los huesos, por la presencia de dientes no gastados en fase de crecimiento.

El pelaje de los mamíferos

Este puede variar con la edad, la época y el sexo. El pelaje invernal es más largo que el de verano y, especialmente en los carnívoros, suele contener una mayor proporción de finas fibras lanosas debajo de los pelos superficiales, más largos y recios, que forman la parte visible del pelaje. En algunos cérvidos, como por ejemplo el corzo, el pelaje invernal es claramente distinto del estival: su color es grisáceo en vez de pardo rojizo; en Europa septentrional, varias especies presentan en invierno un pelaje más o menos blanco. Estos cambios estacionales del color del pelaje van precedidos por una muda, que se extiende a lo largo de un período que oscila entre unas pocas semanas y varios meses, y durante el cual se pueden observar muchas fases intermedias. La mayoría de mamíferos pequeños mudan a su pelaje estival en primavera, pero muchos carnívoros no presentan una muda primaveral clara, aunque su pelaje se puede volver gradualmente menos espeso por abrasión y pérdida de pelo.

En la mayoría de especies de mamíferos existen pocas diferencias entre el aspecto general de los machos y las hembras. Las excepciones principales las encontramos entre los ungulados, algunas focas y unos pocos cetáceos. En estos casos, los machos adultos presentan estructuras especializadas (astas en los cérvidos, cavidad nasal agrandada en la foca de casco, una larga defensa en el narval) o unos dibujos más conspicuos en el cuerpo, como sucede en el muflón o en la foca pía. En unos pocos casos, los machos son claramente mayores que las hembras; así sucede, por ejemplo, en el armiño, la comadreja y el cachalote. De todos modos, es frecuente que los machos sean ligeramente mayores que las hembras.

Dentro de un grupo de sexo o de edad determinado, el aspecto externo suele variar poco; pero existen algunas excepciones bien marcadas a esta regla. En muchas áreas, la ardilla común se presenta en dos formas de color distinto, generalmente negro y pardo rojizo, y las ratas campestres muestran también dos o más coloridos. La variación geográfica marcada del color es más la excepción que no la regla. Las ratas de agua suelen ser negras en el norte de Escocia y pardas en las demás zonas; el lince tiene más manchas en Europa meridional que en Europa septentrional.

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