Lagópodo alpino o Lagopus mutus

Lagópodo alpino o Lagopus mutus

Longitud: 37-42 cm

Envergadura: 55-66 cm

Peso: 650-750 g

Periodo de cría: mayo a septiembre

Puesta: 7-10 huevos

Incubación: 21 días

Vuelo: 10 días

Dos pequeños núcleos pirenaicos acogen la totalidad de la población española de lagópodos, cuyo tamaño no debe superar las 740 parejas. La especie se encuentra en el límite meridional de su distribución y su éxito reproductor ha disminuido. El calentamiento global y la degradación del hábitat por el turismo de nieve son parte de sus amenazas.

Donde vive el Lagópodo alpino

Tiene una amplia distribución circumpolar, en casi todo el norte de Eurasia y Norteamérica, pero se hace más escasa hacia el sur, dejando poblaciones aisladas en las zonas alpinas, como Pirineos o los Alpes.

Biología de esta ave

La alta montaña, por encima de los 1.200 a 1.800 m y muy frecuentemente más arriba de los 2.300 m, es el medio en el que se mueve el Lagópodo, ya sea en praderas y pastizales, canchales, tandas arbustivas o neveros, siempre por encima del límite del arbolado. La invernada transcurre en cotas más bajas, en valles o colmas de menor altitud, formando bandos separados por sexo. Con la primavera, los grupos de machos, se deshacen y los adultos tratan de elegir un territorio desde el cual comienzan su pavoneo, un repertorio de voces, exhibiciones y vuelos con el fin de atraer a la hembra, ya que son aves monógamas. El macho ayuda a la construcción del nido, una depresión tapizada de vegetación al abrigo de alguna piedra o arbusto, pero no a la incubación. Los pollos son muy precoces y abandonan el cubículo al poco de salir del huevo, una vez secos, y son atendidos por los padres que tratan de atraer la atención de los depredadores sobre si mismos en caso de peligro. Los adultos son vegetarianos casi exclusivamente pero los pollos se alimentan de insectos en su primera semana de vida.

Las cambias estacionales implican modificaciones llamativas del plumaje que les ayudan a pasar inadvertidos.

Así se mueve

Es una especie residente en prácticamente toda su área de distribución en el Pale ártico. En nuestro país realiza desplazamientos latitudinales, siguiendo la línea de nieve.

Amenazas del Lagópodo alpino

El calentamiento global debe estar afectando al Lagópodo en alguna medida, ya que se trata de una especie que se adaptó a un ritmo de muda del plumaje que le permite camuflarse en la nieve. La llegada tardía de ésta supone, por tanto, una desventaja para el animal, que con el plumaje blanco resulta más llamativo en el medio alpino. Estos cambios afectan también a las puestas y los pollos recién nacidos y, por tanto, al éxito reproductor de la especie.

Un problema bastante generalizado es él aumento de los deportes de nieve y de las instalaciones necesarias para ello, cada vez más abundantes. Las aves no sólo pierden la necesaria tranquilidad en una época en la que tienen menos recursos de alimentación, sino que se enfrentan a nuevas causas de mortalidad, como el choque contra cables, la fragmentación y ocupación del territorio o el aumento de depredadores oportunistas como los zorros. La presencia de deportes ruidosos como las motos de nieve y el heli-esquí o el acceso a zonas cada vez más remotas con el esquí de montaña son problemas cada vez más graves.

También en época de cría se ha incrementado la presencia humana, al haber cada vez más excursionistas dispuestos a instalar las tiendas de campaña en lugares remotos. La pernocta de montañeros en el valle de Pineta, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, parece ser una de las principales causas del fracaso reproductor de los lagópodos en aquella zona.

La perdiz nival, como es también conocida, requiere con urgencia un Plan Nacional de Conservación que contemple todos los problemas apuntados y regule los usos turísticos de la alta montaña. Sobre todo, hay que tener en cuenta que esta especie es un excelente indicador del progreso del cambio climático. Un seguimiento estricto de sus poblaciones, en el estado más natural posible, puede proporcionar valiosa información sobre la velocidad del proceso de calentamiento global.

¿Cuántas de estas aves quedan en la actualidad?

La población de la vertiente francesa del Pirineo puede rondar las 1.000-3.000 parejas. La población española se ha calculado en base a estimas de densidad y disponibilidad de hábitat favorable, lo que ha dado unas cifras de entre 442 y 738 parejas. Se aprecia un claro descenso del área de ocupación y distribución y el declive de población estaría afectando a las poblaciones de la periferia, manteniéndose estables los núcleos centrales.

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