La pardela chica o Puffinus assimilis baroli

La pardela chica o Puffinus assimilis baroli, la subespecie canaria de la pardela chica cría solamente en unos pocos enclaves de las islas y su situación actual no da mucho pie a la esperanza. Con apenas 400 parejas se enfrentan a las amenazas habituales de las aves marinas en zonas humanizadas, desde la degradación del hábitat hasta la depredación por especies introducidas.

La pardela chica o Puffinus assimilis baroli
Longitud: 25-30 cm
Envergadura: 58-67 cm
Peso: 170-275 g
Periodo de cría: de mediados de enero a mediados de julio
Puesta: 1 huevo
Incubación: 52-58 días
Vuelo: 70-75 días

Se han descrito ocho subespecies, de las cuales la mayoría ocupa una franja austral, mientras que sólo dos de ellas, baroli y boydi; habitan la porción atlántica frente a la costa occidental africana (Canarias y Cabo Verde, respectivamente). La población española se encuentra únicamente en los islotes de Alegranza y Montaña Clara, y las islas de Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife y La Gomera. De todas formas, no se descarta que puedan existir enclaves de cría en el resto de las islas, ya que el hábitat de reproducción de esta Pardela es difícil de prospectar.

BIOLOGÍA de la pardela chica

La biología de esta pardela no es totalmente conocida. Es un ave pelágica y, por tanto, captura sus presas (pequeños peces y calamares, al parecer) en mar abierto. En Canarias cría en islotes, roques y cantiles, allí donde los depredadores tienen difícil su alcance; la presencia de éstos limita, por ello, las posibilidades de utilización del hábitat por parte de la pardela. No se descarta la posibilidad de que algunos ejemplares críen tierra adentro, en barrancos como el de Ruiz, en Tenerife, ya que así lo hace la subespecie boydi de Cabo Verde.

No es propensa a formar grandes agrupaciones en el mar y muchas veces se mueve en solitario. Tampoco emprende grandes desplazamientos, pues se la puede ver cerca de las colonias de cría durante una gran parte del año, al menos entre noviembre y julio, aunque es probable que visite sus lugares de nidificación en cualquier época. Una buena parte de las parejas comienza la reproducción muy temprano, ya en la segunda quincena de enero, aunque hay puestas tardías hasta el mes de mayo. Depositan un único huevo y los pollos procedentes de puestas tempranas no abandonan las huras antes de mayo.

HABITAT de la pardela chica

Pardela chica es un ave bastante sedentaria. Cuando termina la cría, la población reproductora y los jóvenes emprenden movimientos dispersivos de variado alcance. Los casos más extremos han sido protagonizados por algunos escasos ejemplares que llegaron a alcanzar las costas cantábricas, la costa sur atlántica de la Península y el golfo de Vizcaya.

AMENAZAS de La pardela chica

Gatos y ratas constituyen una amenaza habitual para las aves marinas coloniales y la pardela chica es una de ellas. En la colonia de Santo Domingo, al norte de Tenerife, se ha constatado una disminución cercana al 50% de las huras ocupadas a causa de la presencia de ratas, y hechos parecidos han ocurrido en otras islas con gatos. La disminución del hábitat aprovechable por esta causa viene a sumarse a la ocasionada por la interferencia del ser humano, ya sea directa por la recolección de adultos y pollos para el consumo, o la utilización de aparejos de pesca en áreas próximas a las colonias, como indirecta, debido a la pérdida de hábitat ocasionado por la sobrepoblación de las islas. La mala gestión del suelo y el desarrollo incontrolado del turismo ya desde los años sesenta del siglo pasado ha dado como resultado un enorme recorte en el espació aprovechable para la cría de los “tahoces” (nombre local de la pardela chica), lo que ha provocado la desaparición de colonias enteras, como la que existió en el Puerto de la Cruz hasta mediados del siglo XX. Dicho desarrollo turístico ha conllevado la proliferación de instalaciones deportivas en la costa y otras infraestructuras dotadas de potentes iluminaciones que causan la desorientación y la muerte por colisión de muchas aves marinas, especialmente las jóvenes.

Finalmente, cabe señalar el efecto de la contaminación sobre la Pardela chica que ingieren desperdicios o sufren la impregnación del plumaje por sustancias oleosas arrojadas por embarcaciones de distintos tipos.

Estudios llevados a cabo por la Universidad de La Laguna, financiados por el Gobierno de Canarias, permitieron realizar una primera estimación de los efectivos de ésta y otras especies de aves marinas. También se han llevado a cabo programas divulgativos sobre las amenazas de la pardela chica y un estudio sobre la restauración del hábitat en Famara (Lanzarote).

Las medidas de conservación más urgentes pasarían por la elaboración y puesta en práctica de un Plan de Conservación de la especie y la eliminación de interferencias humanas en los espacios naturales protegidos, evitando la construcción de urbanizaciones y estructuras similares, y erradicando las ratas y los gatos. También sería muy conveniente la creación de reservas marinas para proteger las áreas de alimentación de las pardelas y vigilar el impacto de las pesquerías en éstos y otros espacios. En cualquier caso, la protección de la especie debe incluir un seguimiento científico que permita conocer los detalles de su biología y el tamaño, distribución y evolución de la población.

La población canaria de Pardela chica fue estimada en unas 400 parejas en 1987. A tenor de la información disponible, la pardela chica debió de ser relativamente común en las islas antes de la ocupación turística masiva. No existen censos completos más recientes, aunque sí conteos locales o escuchas para detectar su presencia en algunas localidades concretas. Los autores de dichos trabajos sugieren que La Gomera podría contener la mayor población de todas las islas.

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