La pardela balear (Puffinus mauretanicus)

La pardela balear
Longitud: 30-40 cm
Envergadura: 76-93 cm
Peso: 350-415 g
Período do cría: de finales de febrero a finales de junio
Puesta: 1 huevo Incubación: 52 días
Vuelo: 72 días

La pardela balear (Puffinus mauretanicus). Las estimaciones recientes dan una alta probabilidad, cercana al 50%, de que esta especie se extinga en los próximos cincuenta años. Ello supondría una pérdida irreparable, ya que tiene una distribución geográfica restringida a las islas Baleares, principalmente Formentera. La elevada mortalidad de los ejemplares adultos y la pérdida del hábitat de cría son los problemas más acuciantes de la especie.

Distribución más amplia y unas necesidades, en cuanto al hábitat de melificación, menos estrictas de lo que muestra hoy en día. Probablemente llegó a criar en playas o en zonas de interior pero la ocupación humana y la presencia de especies depredadoras debió de limitar sus posibilidades a las zonas más costeras e inaccesibles: los cantiles, las cuevas y los más recónditos escondrijos naturales, pues, contrariamente a lo que ocurre con su contrapartida atlántica, esta especie es incapaz de excavar madrigueras. No forma grandes colonias y raramente las comparte con otras especies salvo, ocasionalmente, la pardela cenicienta y el paiño europeo.

La pardela balear es muy madrugadora en la ocupación de las áreas de cría: ya para noviembre se observan ejemplares merodeando por las colonias. Sin embargo, no es hasta febrero o marzo cuando comienzan las puestas. Un solo huevo blanquecino constituye su esperanza de descendencia, y es incubado durante unos 50 días. Como otras especies similares, abandona pronto a los pollos en el nido para recorrer el mar en busca de alimento, actividad que hace durante el día, aprovechando descartes de embarcaciones de pesca que constituyen hasta el 40% de sus necesidades durante la época de cría, o capturando peces pelágicos como la sardina y el boquerón. Éstos suponen la mayoría de sus presas en invierno, cuando estas aves se distribuyen por las costas peninsulares mediterráneas, y para capturarlos, a veces, se asocian con atunes o delfines, que fuerzan a los peces a subir a la superficie.

Los pollos de la pardela balear tardan alrededor de dos meses y medio en independizarse y emprender el vuelo por su cuenta a finales de junio, aunque poco antes sus exhaustos padres abandonan la colonia y se encaminan a las zonas de muda en el golfo de Vizcaya. Algunas aves inmaduras o adultos que no han criado dejan las áreas comunales ya en el mes de mayo.

La vida media de la pardela balear ronda los 20 años, pero su tasa de mortalidad adulta es alta, cercana al 22%, una cifra notable para un ave marina de estas características.

Hábitat

A finales de junio, tras la cría, se inicia un periodo de muda con el desplazamiento de las aves hacia el golfo de Vizcaya, puesto que en verano las aguas mediterráneas no son especialmente ricas en nutrientes. La pardela balear aprovecha los descartes de los pesqueros que faenan en dicha zona del norte peninsular o pescan directamente pequeños peces en mar abierto. Con el otoño, retoman al Mediterráneo acercándose más a las costas y dependiendo menos del pescado que arrojan las embarcaciones.

Fuera de las áreas mencionadas, no realizan grandes desplazamientos, aunque sí se ha observado que algunos ejemplares de La pardela balear se desplazan por el Atlántico hasta alcanzar las costas escandinavas, por el norte, o el litoral sudafricano por el sur.

AMENAZAS

Como otras aves marinas, la pardela balear tiene una estrategia demográfica basada en la longevidad de los individuos adultos más que en la alta tasa de natalidad. La madurez sexual no se alcanza antes de los 5 años y la principal amenaza viene de la baja supervivencia de los ejemplares adultos, lo que está conduciendo a un declive de la población cercano al 7,4% anual. Al ritmo actual, en unos 54 años no quedarán más de unas 30-35 parejas de pardela balear.

La presencia de especies depredadoras en las colonias tiene un grave efecto: una colonia de cría en Menorca sufrió la pérdida de unos 20 adultos de la pardela balear depredados por un gato cimarrón. También se conocen casos de ataques por parte de gaviotas patiamarillas y mustélidos. La mortalidad en palangres no es tan frecuente como en otras especies de mayor tamaño, pero ha llegado a producir la muerte de hasta 50 aves de un golpe. El principal problema relacionado con la pesca proviene de la sobreexplotación de los recursos, ya que las aves dependen durante ciertas épocas del año de los descartes de los arrastreros y en otros momentos de la abundancia de especies pelágicas como la sardina y el boquerón.

La contaminación por metales pesados, como el mercurio, se acerca en ocasiones al límite tolerable y, por otro lado, el comportamiento gregario de la especie la hace especialmente vulnerable al vertido de hidrocarburos.

Por último, se ha producido una disminución del hábitat adecuado para la cría, tanto por la presencia humana como por la de gatos y otros depredadores. Las actuaciones de conservación llevadas a cabo, y en las que ha participado SEO/BirdLife, han contado con el apoyo de la UE y de la administración balear e incluyeron campañas de desratización, declaración de zonas protegidas e investigación sobre la biología de la Pardela. También ha sido SEO/BirdLife, en colaboración

Con la Secretaría de Pesca y la Comunidad Valenciana, quien ha impulsado un estudio sobre el impacto de la pesca con palangre.

La población reproductora total era de 1.750 a 2.125 parejas en 2001, lo que supone un notable descenso frente a las estimas de 1991 cifradas en 3.300 parejas. En el último censo de 2005 se contabilizaron 2.400. La población total, incluyendo aves no reproductoras, es mayor: supera los 8.000 ejemplares.

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