La foca monje del Mediterráneo y sus características

La foca monje del Mediterráneo está considerada como una de los 10 mamíferos más amenazados en nuestro planeta (quedan unas  400) es el vertebrado español más escaso; ocasionalmente, una o dos provienen de las aguas argelinas o marroquíes y visitan las islas Chafarinas.

la foca monje del Mediterráneo

Sobre el pelaje gris achocolatado de los machos destaca una singular mancha ventral blanquecina que, junto con las cicatrices de su piel (roces con las rocas), hacen a veces de huella digital que permiten a los investigadores saber cuál es la foca monje del Mediterráneo que tienen a la vista en sus prismáticos o cámaras; las hembras son de color oscuro y la mancha blanca ocupa toda su parte ventral.

Al igual que las otras focas, la mediterránea reúne un conjunto de adaptaciones sobresalientes a la vida en el medio marino: sus ojos disponen de un cristalino adaptable a la visión aérea y subacuática y una cornea aplanada que le facilita la observación bajo el agua; además, han desarrollado una vibrisas que le ayudan a detectar las presas entre las sombras y tinieblas de la noche subacuática. Torpe fuera del agua, puede moverse en tierra gracias a sus potentes uñas de sus aletas anteriores, sus reducidas extremidades posteriores constituyen un potente motor submarino.

Tendrán que pasar de 3 a 4 años para que la hembra pueda pensar en tener descendencia. Como contagiada por el turismo playero, se aparean durante los meses de julio y agosto. Un año después (septiembre u octubre), nacerá una cría que mamara durante tres meses y que, durante varios años aprenderá todos los secretos y peligros del mar de la mano de su madre y compañera. Salvo por el tamaño los jóvenes apenas se diferencian de los machos adultos. Al nacer son de color más negruzco, en algunos casos de color azabache brillante, exagerado por el brillo de la espuma marina. Jugara con las olas, cual surfista tarifeño, ajeno al peligro puede suponer un pedazo de acantilado desprendido, un trozo de red de un vengativo pescador que no le perdone engancharse en su arte de pesca o ser más eficiente a la hora de pescar un pez.

Mientras unos hablan de su virtual extinción en España de la foca monje del Mediterráneo, los avistamientos esporádicos en los últimos años en las costas norteafricanas y de las Pitiusas , y los proyectos de reintroducción que estudian llevarlas a ciertas playas vírgenes del oeste de Fuerteventura y el norte de Lanzarote, parecen dar una oportunidad a los amantes de la foca monje del Mediterráneo abrigan la esperanza que este entrañable animal pueda encontrar su camino la oportunidad que nos permita demostrar que sabemos compartir los recursos del mar con uno de los mejores embajadores de su calidad; ello sería la mejor bandera azul que pueda exhibir nuestra costa .

Características de la foca monje

La foca monje del Mediterráneo lleva dando que hablar muchos, muchísimos años. Por un lado, las tres especies de focas incluidas por los científicos en el género Monachus son las más antiguas de todas las focas conocidas, pero, además, las del Mediterráneo llevan conviviendo con el hombre desde los albores de la historia pues han coincidido con todas las civilizaciones del Viejo Mundo; son los más viejos lobos de mar. Quizá por ello éste sea uno de los nombres comunes de la especie, así como su traducción a otras lenguas y dialectos: llopmarí (Cataluña), vellmarí (Mallorca), lobo marinho (Portugal), lup-de-mare (Rumania)…, además de por la forma de su achatada y voluminosa cabeza, y por los gruñidos que emite.

Sin embargo, el nombre más aceptado es el de la foca monje del Mediterráneo, que proviene del aspecto del pelaje de los machos adultos de color pardo oscuro con una mancha blanca en el vientre, que nos recuerda a los hábitos de algunas órdenes religiosas. Si a esto le añadimos los numerosos pliegues cutáneos repartidos por todo el cuerpo que recuerdan los dobleces del hábito, la semejanza está servida. Curiosamente, los naturalistas del siglo XIX ya hablaban de este pelaje masculino, diferenciándolo perfectamente del exhibido por las hembras y los jóvenes: gris o gris pardusco con el vientre blanquecino. Sin embargo, está circunstancia había pasado completamente desapercibida a los estudiosos de la especie durante casi todo el siglo xx, que pensaban que no existía dimorfismo sexual aparente. No fue hasta principios de los años 90 cuando se redescubre a los «negros»; nombre que el equipo español coordinado por Luis Mariano González (al cual hay que atribuir, entre otros méritos, el de deshacer esté entuerto) ha dado a los grandes machos adultos que exhiben este pelaje blanco y negro. Estos grandes machos muestran también una más que prominente papada, suficiente para diferenciarlos de las hembras sin problema alguno. Son animales de gran tamaño; los mayores pueden llegar a medir cerca de 3 metros de longitud y a pesar casi 320 kilogramos, estando la media de peso para los adultos en torno a los 300 kg y la de longitud en 1,7 m.

Merece la pena detenerse un poco más en su pelaje ya que esconde numerosas particularidades.

Los mamíferos suelen tener dos tipos de pelo

La jarra, pelo largo y duro que tiene la función de regular la sudoración (todo nuestro pelo es jarra); y la borra, pelo más corto, blando y mucho más tupido, con función aislante (la lana de las ovejas es borra). Pues bien, la foca monje del Mediterráneo no tienen borra, pues para aislarse del frío y mantener constante su temperatura corporal en el agua durante las inmersiones poseen bajo la piel una nutrida capa de grasa de varios centímetros; no necesitan más, pues viven en aguas templadas o cálidas, tropicales y subtropicales, y tienen una buena relación superficie/volumen. Para afrontar el calor tienen las aletas muy vascularizadas y sin capa de grasa aislante, de modo que si necesitan enfriarse bombean gran cantidad de sangre a ellas y las agitan para que ésta se enfríe. Otra curiosidad es que mudan el pelo a jirones (una vez al año), desprendiéndose trozos de piel enteros con los pelos viejos, en vez de pelo a pelo como sucede en la mayor parte de los mamíferos; esta forma de mudar sólo ha sido descrita en la foca monje del Mediterráneo y en los elefantes marinos. Se pueden encontrar hembras mudando a lo largo de todo el año, con máximos en marzo, mientras que los machos suelen hacerlo entre los meses de abril y septiembre.

Las potentes aletas de la foca monje

Como todas las focas, tiene aletas anteriores y posteriores. Las primeras son cortas (lo cual las hace algo más torpes en tierra) y están acabadas en unas uñas que decrecen en longitud hasta el quinto dedo, y las posteriores más largas, con pelos entre los dedos y unas uñas muy cortas. Para propulsarse utiliza las posteriores, al tiempo que las anteriores hacen las veces de timón y estabilizadores en el buceo hacia las profundidades de las zonas costeras donde vive.

¿Como son sus inmersiones?

Sus inmersiones suelen durar unos 10 minutos como mucho y, para no tener problemas con la presión, los canales auditivos se cierran totalmente bajo el agua, de igual modo que las aberturas nasales, sitas en la punta de su achatado morro. Como complemento para sus frecuentes zambullidas dispone de una serie de vibrisas (pelos largos y duros) táctiles, a ambos lados del morro, que les ayudan a tantear a sus presas en situaciones de aguas especialmente turbias. Pero sólo están por si acaso y para momentos de apuro, pues su vista es sencillamente excelente, tanto en tierra como bajo el agua. Esto lo consiguen gracias a la especial curvatura de su cristalino, a la contracción de sus pupilas en hendidura y a la posesión de una especie de segunda retina (el tapetum lucidum, también presente en la mayoría de los felinos) que facilita la visión nocturna ya que amplifica la luz y les permite tener una mayor agudeza visual.

Para poder aguantar tanto tiempo bajo el agua, tienen una sangre especial con una gran capacidad para transportar oxígeno y para nutrir sus músculos de forma constante, los cuales, además, pueden funcionar bastante tiempo sin él; además, al bucear reduce bastante el ritmo de sus pulsaciones.

Su lista de peculiaridades no acaba aquí, es casi infinita: a diferencia del resto de las focas, excepto la de casco, poseen sólo cuatro incisivos en la mandíbula superior (las demás tienen 6); y también al contrario que el resto de sus parientes más cercanos, a excepción de la foca barbuda, tiene dos pares de mamas en vez del par habitual… Son las únicas focas, junto con sus parientes de mayor tamaño (los elefantes marinos), que tienen crías con el pelaje negro. Este primer pelaje es el lanugo (el pelo fetal), el equivalente de ese pelo negro con que nacen muchos bebés y que luego se les cae, y que recubre todo su cuerpo hasta los dos meses de edad excepto en el vientre, donde aparece una mancha blanca que sirve para sexar sin problemas a las crías: con forma de mariposa los machos y rectangular las hembras. Al nacer pesan entre 15 y 25 kilos y miden apenas un metro de longitud.

Video sobre la la foca monje del Mediterráneo

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Me llamo Félix García y soy un fiel amante de todos los animales y por eso he creado este sitio para facilitar la información para muchos que como yo le gusta todo lo relacionado con este fascinante mundo que es el de los animales. Tambien soy el creador de Cable de redes.

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