¿Los insectos son animales artrópodos?

No cabe duda de que quien desee tener un conocimiento más exhaustivo sobre los insectos, necesitará algo más que este extenso artículo. Los insectos son, en realidad, los principales ocupantes del planeta y representan más de las tres cuartas partes de las especies animales. Los vertebrados (mamíferos,aves, reptiles, anfibios y peces), que nos parecen tan importantes, numerosos y variados, se muestran insignificantes al, comparar sus 70.000 especies con el millón, e incluso más, de insectos diferentes que se han descrito hasta el día de hoy. Todo ello, sin contar con que no se sabe a ciencia cierta cuántos quedan por descubrir, ya que una investigación realizada en 19 árboles de bosque tropical ha permitido registrar 1.200 nuevas especies. Según algunos autores, el número de especies podría ser entre 10 y 100 veces superior a la cifra que hoy conocemos.

Que son los insectos

Esta inmensidad, en términos numéricos (puede haber hasta 150.000 insectos en un metro cuadrado de suelo forestal), no impide que se dé una unidad profunda en el seno de esta dase de animales. A pesar de ello, existen especies muy transformadas, con rasgos extraños y muy difíciles de identificar. Asimismo, es cierto que con un poco de práctica se puede distinguir muy rápidamente un insecto adulto de cualquier otro animal: seis patas, un cuerpo dividido en tres partes, un revestimiento rígido, dos antenas, dos alas… Ahora bien, más allá de estas simples características, existe una gran diversidad: de tamaño, evidentemente (de 0,2 mm a 30 cm, e incluso 70 cm en algunos fósiles), aunque también de peso, color y aspecto. ¿Cómo no se va a mostrar alguien inquieto ante el hecho de que una pulga, un gusano y una mariposa tropical pertenezcan a la misma clase?

Con todo, es la diversidad de medios y modos de vida la que más nos sorprende. Los insectos han conquistado casi todos los medios: los encontramos en la oscuridad de las grutas más profundas, en los áridos y ardientes desiertos, en las montañas nevadas, en el agua, en el aire y en el subsuelo, así como en lo más profundo de los tejidos de un enorme número de animales y vegetales, como es el caso de los parásitos.

La variedad de sus modos de vida es también asombrosa. Carnívoros, herbívoros, omnívoros, carroñeros, parásitos. Todas las formas de alimentación se encuentran representadas en una infinidad de diferentes aspectos. Por lo que respecta a la forma de desplazarse, más de lo mismo: unos vuelan, otros corren, reptan, nadan, excavan, etc. Incluso a veces las combinan de diversas maneras.

Los insectos también ejercen de químicos y producen numerosas sustancias que les facilitan la existencia: sutiles perfumes para atraer a sus parejas, potentes venenos para la lucha, sedas protectoras destinadas a los capullos, cemento para construir ostentosos edificios, anestésicos que permiten conservar la presa sin llegar a matarla, e incluso explosivos.

Aunque algunos insectos son solitarios y no toleran ningún tipo de presencia a su alrededor, otros viven en grandes grupos en los que impera una convivencia apacible y fraternal. Algunos han creado auténticas sociedades, con una complejidad sin parangón en el mundo de los seres vivos, con la salvedad de los mamíferos. Otros han establecido fructíferas asociaciones con otras especies mediante el intercambio de servicios como, por ejemplo, comida por protección; estas asociaciones, por otra parte, pueden traspasar la frontera de los insectos y extenderse a otros animales o vegetales.

Su ciclo de vida no puede compararse con ningún otro dentro del reino animal. ¿Qué pensaríamos si un lucio, una vez llegado a la edad adulta, se inmovilizara durante varias semanas dentro de una capa rígida de la que, finalmente, saliera una flamante rosa? Pues este milagro ocurre constantemente en el mundo de los insectos, donde se conoce con el nombre de metamorfosis.

Tal y como señala Jacques-Henri Fabre en sus Souvenirs entomologiques (‘Recuerdos entomológicos’), los caballeros, los monstruos y los magos cuyas hazañas nos cautivaban durante nuestra infancia son tristemente insignificantes al lado de las auténticas aventuras que se desarrollan a nuestros pies. A continuación, descubriremos una plétora de héroes intrépidos y valerosos que se enfrentan a sus enemigos con unas extrañas y mortíferas armas, asistiremos a épicas batallas, masacres y resurrecciones, a prodigios de crueldad o devoción, y seremos testigos de amores trágicos y sanguinarios, incongruentes o grotescos, ejemplos de fidelidad absoluta o manifiesta inmoralidad. Como es obvio, esta obra constituye tan solo una fugaz ojeada a este universo extraordinario, aunque un breve vistazo puede servir para despertar la admiración y las ganas de quedarse a observar un rato más.

¿Que tipo de esqueleto poseen los insectos?

esqueleto de los insectos

Los insectos constituyen la clase más numerosa del orden de los Artrópodos, que está constituido por animales a los que se les ha denominado durante mucho tiempo, y puede que de forma más sencilla, «articulados». Su característica principal es que han adoptado como esqueleto su piel, endurecida por la acción de una molécula llamada quitina.

Hay que señalar que la posesión de un esqueleto rígido es una ventaja en el reino animal, ya que aporta una mayor firmeza al cuerpo y, sobre todo, la adherencia de los músculos, lo que da lugar a movimientos precisos y rápidos. Ciertamente, el movimiento con un cuerpo blando es posible, aunque rudimentario: pensemos en las babosas o en las medusas. Ahora bien, existen diferentes tipos de esqueleto. Los moluscos han adoptado la concha, cuya estructura puede ser muy variable. Los vertebrados (peces, reptiles, anfibios, aves y mamíferos) recurren al esqueleto interno, constituido por un eje articulado alrededor del cual pueden organizarse cuatro extremidades. Los Artrópodos, por su parte, disponen de cutícula (nombre científico de la capa externa endurecida), que les aporta a la vez rigidez y protección, unas ventajas enormes con respecto a animales más primitivos, a pesar de que algunas veces les suponga algunos problemas, que trataremos más adelante.

De donde es el origen de los insectos

Los científicos coinciden al pensar que los primeros Artrópodos, antepasados de los insectos, ya existían desde hace entre 300-400 millones de años, con formas que eran, originariamente, acuáticas. Los insectos propiamente dichos aparecieron más tarde, en el Devónico, es decir, hace 280 millones de años. Antes de la aparición de los dinosaurios, muy anteriores a su vez a la aparición de los primeros mamíferos. Es difícil ser más precisos. En primer lugar, la aparición de un grupo de animales nuevos, con una estructura tan original, se deriva de un prolongado proceso biológico que dura generaciones. En segundo lugar, y principalmente, los paleontólogos necesitan una mínima cantidad de material para plantear hipótesis serias. La ecuación es sencilla: sin fósiles es imposible establecer dataciones. Ahora bien, la fosilización es un fenómeno extremadamente raro. Además, las partes «blandas» de los seres vivos se fosilizan muy mal, debido a los fenómenos biológicos que se producen tras la muerte. Los fósiles que se encuentran habitualmente no son restos de organismos, sino de sus esqueletos (conchas de moluscos, huesos de mamíferos, dientes, etc.), elementos con los que los insectos no cuentan.

Hay que destacar la dificultad de la tarea de los investigadores, que deben especular sobre unos restos rarísimos que suelen carecer de forma.

No obstante, los restos de los animales de cuerpo blando pueden preservarse adecuadamente en un caso excepcional: se trata de la conservación en ámbar. El origen de este proceso es sencillo: numerosos insectos quedaron pegados en la resina de las coniferas, cuando estos árboles eran muy habituales. La resina protegió los cadáveres del oxígeno de la atmósfera y de la acción de los microorganismos, para obtener de esta manera una conservación prácticamente perfecta. Es un proceso que presenta algunas limitaciones molestas para los científicos: los límites geográficos, ya que este fenómeno se produjo sobre todo en el norte de Europa, y los límites temporales. Los especímenes más antiguos que se conservan en ámbar tienen unos 45 millones de años y se parecen a los animales actuales, lo que aporta poca información sobre sus orígenes, situados hace más de 300 miñones de años.

LA METAMERÍA

Los insectos proceden probablemente, al igual que el conjunto de los Artrópodos, de los Anélidos. Los Anélidos son gusanos, terrestres o marinos, que muestran una particularidad impresionante: están organizados de forma metamérica, es decir, constituidos por una serie de segmentos idénticos que se repiten. Las lombrices forman parte de este filum, al igual que los nereidos. Así, la estructura de los Anélidos se basa en la sucesión de anillos que contienen casi en su totalidad los mismos órganos («riñones», músculos, órganos sexuales, cavidades, etc.) y que suelen presentar un par de apéndices, unas primitivas «patas», denominadas metámeros. Esta naturaleza «metamérica», según la cual cada segmento del cuerpo se parece al resto y posee bastante autonomía, es de carácter primitivo. Pero en los Anélidos ya aparecen algunos sistemas que recorren todos los segmentos e inician un principio de tarificación, organización y centralización. El ejemplo del sistema nervioso es el más revelador: en los gusanos aniñados, cada metámero está provisto de un par de ganglios nerviosos que constituyen una especie de «pequeño» cerebro local. No obstante, las prolongaciones nerviosas unen cada uno de los metámeros con el precedente y el siguiente. En particular, los ganglios del primer metámero poseen una dimensión y una función muy superior a las del resto: por sí solos, constituyen un cerebro que centraliza la información y orienta la actividad del resto del organismo.

De esta manera se ilustra el sentido general de la evolución: centralización y especialización a la vez que se eliminan poco a poco los caracteres metaméricos. Esta tendencia se manifiesta claramente en los insectos, de los cuales se ha llegado a decir que no son más que gusanos con alas y patas. En realidad, los insectos Solo son «gusanos» con una metamería que ha experimentado una enorme regresión.

Los segmentos se han diferenciado, especializado y fusionado los unos con los otros a fin de crear unidades funcionales. Así, la cabeza está formada por seis primitivos segmentos que han adquirido una función sensorial y alimentaria.

Los tres segmentos del tórax se han especializado en la locomoción, y los ganglios nerviosos de cada segmento se han desplazado o han desaparecido para dar lugar a un sistema nervioso mucho más competente.

MORFOLOGÍA

Entonces, ¿cuál es el aspecto de un insecto? Su cuerpo está dividido en tres partes que suelen distinguirse fácilmente: la cabeza, el tórax (donde Se disponen las patas y las alas) y el abdomen, encargado de la reproducción y de otras funciones.

La Cabeza

Situada en la parte delantera del insecto, la cabeza es la primera en explorar el medio por el que se desplaza, y está formada por una «caja» (la cápsula cefálica) sobre la que se articulan varias estructuras. Dicha «caja» está compuesta por varias placas de piel endurecida que aparecen soldadas entre sí… Su función consiste en proteger el cerebro, formado por tres lóbulos de tamaño variable conectados, por un lado, a los órganos sensoriales y, por otro, a la cadena nerviosa. La cabeza es el resultado de la unión y fusión de cinco metámeros, cuyos apéndices forman las diferentes estructuras que indicamos a continuación.

Las estructuras contenidas en la cápsula cefálica desempeñan una función alimentaria o sensorial y, en ocasiones, una combinación de ambas. Alrededor de la boca se encuentran las piezas bucales, elementos especializados en atrapar los alimentos. Presentan formas muy variables (trompa de la mariposa, órgano de succión de la mosca, mandíbulas de la langosta, etc.), aunque poseen una estructura común que va desde la parte delantera a la trasera.

El labro es una pequeña placa móvil que funciona. Como labio superior. A continuación, están las mandíbulas, que son unas piezas potentes, endurecidas químicamente, con una forma normalmente triangular y una función trituradora. Alrededor de estas, hay dos apéndices más pequeños, las maxilas, constituidas por un palpo con cinco segmentos (una especie de «dedo» que «prueba» y «empuja» los alimentos), fijado en una base más sólida, que ejerce una función masticadora. Finalmente, se encuentra el labio, denominado habitualmente labio inferior.

En realidad, se trata de una especie de superficie rígida, que parece tallada y lleva, a cada lado, un palpo articulado.

La cabeza de los insectos también presenta varios órganos sensoriales. Evidentemente, dos antenas, inexistentes en el resto de los Artrópodos, salvo en los Crustáceos, que cuentan con cuatro. Las antenas, generalmente articuladas, pueden presentar longitudes muy variables y adoptan una gran variedad de formas que pueden clasificarse como: filiformes, setáceas (en forma de pelo), pectíneas (semejantes a un peine), en forma de lámina o de arista (similares a una «mata»), en forma de maza, dentadas (en forma de sierra), etc. La función principal de las antenas es la detección química. Normalmente, estas poseen decenas de miles de sensores que analizan las señales sexuales, alimentarias, sociales o de otro tipo que se emiten en el ambiente. Asimismo, poseen sensores sensibles al contacto.

En la cabeza también se encuentran los ojos, que, aunque no son los principales órganos sensoriales de los insectos, suelen desempeñar un papel importante. Su estructura es única en el reino animal (tan solo los Crustáceos cuentan también con la misma): se trata de ojos compuestos, formados por la unión de un gran número de pequeñas unidades elementales, los omatidios. En la cabeza se encuentran además los órganos sensibles a la luz, que, no obstante, no tienen una función relacionada con la vista: se trata de los ocelos, unas rudimentarias estructuras que permiten al insecto detectar los cambios de luminosidad, y que utilizan sobre todo para orientarse.

LAS VARIACIONES DE LAS PIEZAS BUCALES

¿Que modificaciones pueden tener las piezas bucales de los insectos?

Los cuatro elementos descritos (labro, mandíbulas, maxilas y labio) se encuentran presentes, sin excepción, alrededor de la boca de todos los insectos. En cambio, su forma y función varían enormemente según el tipo de alimentación del animal. En realidad, existen cuatro tipos fundamentales de piezas bucales. Las trituradoras: son consideradas las más primitivas y, por tanto, todas las demás derivan de ellas. Se trata del tipo descrito en el texto, que incluye, por ejemplo, a herbívoros, como la langosta, o carnívoros, como la mantis religiosa.

Las trituradoras-lamedoras: son características de los Apoideos, es decir, de los insectos que succionan el néctar, como las abejas. El animal puede masticar alimentos sólidos, aunque la parte líquida de su alimentación desempeña un papel cada vez más importante (en esta categoría intermedia podemos encontrar estructuras variadas). Por ello, las mandíbulas se conservan, se alargan y forman una especie de láminas, mientras que el labio se transforma en una larga lengua velluda surcada por una especie de canal por donde descienden los alimentos (el néctar).

Las picadoras-chupadoras: se trata de una especialización en la alimentación a través los líquidos nutritivos internos de los animales (sangre) o de los vegetales (savia). Normalmente, el labio forma una especie de «tubo» donde se disponen las mandíbulas y las maxilas endurecidas y transformadas en aguijones perforadores. En la operación participan varias glándulas secretoras que impiden la coagulación de la sangre de la presa e introducen una anestesia local provisional mediante la inyección de saliva. Cabe señalar que, tanto en el caso de los mosquitos como en el de los tábanos (los principales representantes de esta categoría), tan solo las hembras pican, mientras que los machos se alimentan de savia o néctar.

Las chupadoras: es característica de los insectos cuya alimentación es exclusivamente líquida, aunque esta vez se trata de líquidos de fácil acceso, para los que no se necesita disponer de un sistema de perforación. Podemos distinguir dos modelos fundamentales. Por una parte, el de la mosca, con una trompa en forma de maza (modificación del labio y de las maxilas), que regurgita saliva sobre los alimentos antes de absorberlos de nuevo. Por otra parte, la de la mariposa, con unas maxilas que se desarrollan enormemente, en detrimento del resto de piezas bucales, y adoptan la forma de un tubo que se convierte en una larga trompa en forma de espiral. El insecto desenrolla la trompa y busca el néctar, incluso cuando la estructura de la flor hace que este Sea poco accesible (increíble, pero cierto: la trompa de una mariposa de Madagascar puede llegar a alcanzar los 22 cm).

EL TÓRAX

En todos los insectos está formado por tres segmentos o metámeros, que generalmente son difíciles de distinguir. Cada uno de los segmentos presenta un par de patas y, en la mayoría de las especies, los dos metámeros posteriores muestran, además, un par de alas. La articulación con la cabeza se lleva a cabo a través de una membrana flexible. El tórax posee un importante equipamiento muscular, debido a su especialización en el desplazamiento. Asimismo, presenta numerosas apófisis, es decir, partes del esqueleto externo que se hunden profundamente en el interior del cuerpo para permitir que los músculos se fijen al mismo. Las patas de los insectos pueden adoptar una gran variedad de formas a partir de una estructura fundamental común. Todas cuentan con cinco partes o artejos: la coxa, el trocánter, el fémur, la tibia y el tarso. El hecho de que algunos de estos artejos hayan recibido su denominación a partir del esqueleto de los vertebrados no debe confundir al lector, ya que la comparación es puramente formal. Los dos artejos principales, en cuanto a la longitud, son el fémur y la tibia. El tarso, gracias al cual se produce el contacto del animal con su soporte, suele evolucionar para poder desempeñar mejor su función. En general, está formado por varios artejos y suele acabar en zarpas o cojinetes adhesivos (o en ambos a la vez), que le permiten agarrarse a las superficies lisas o rugosas.

El conjunto que forma la pata puede transformarse para permitir al animal adaptarse a un medio particular o adoptar un modo de vida específico. Disponemos de numerosos ejemplos de este fenómeno en otros grupos de animales, en particular, en el de los mamíferos: así, la extremidad anterior puede convertirse en aleta en el caso de los delfines, en brazo en el de los hombres o en alas en el caso de los murciélagos. Asimismo, la pata del insecto se presta a cualquier transformación: puede ensancharse, estrecharse y muscularse para permitir a los animales escarbadores excavar galerías en la tierra, como es el caso, por ejemplo, del alacrán cebollero. También puede alargarse y hacerse más fina para formar la pata trasera saltadora de las langostas. Otra posibilidad es la de que la pata se alargue y presente cilios, formando una paleta nadadora, una especie de «aleta de insecto» que suelen presentar, por ejemplo, los escarabajos acuáticos y los ditiscos que viven en el agua. Las abejas acarrean auténticas cestas de polen, lo que les permite asegurar el transporte de grandes cantidades de nutrientes hacia la colmena. Los machos de esta especie poseen asimismo un órgano que les permite retener a la hembra durante el apareamiento. Además, cabe señalar que las patas pueden experimentar una regresión si así lo exige el modo de vida del insecto, como ocurre con el par anterior de las mariposas y con numerosas larvas (abejas, avispas, hormigas, etc.), que carecen totalmente de estas.

Las patas derivan de los apéndices que tenían los antepasados de los insectos, que eran mucho más primitivos, aunque ya estaban destinados al desplazamiento.

El caso de las alas es totalmente diferente: estas proceden de las placas dorsales, cuya función era, sin duda, de protección, como una especie de armadura para algunos insectos primitivos de los cuales se han encontrado fósiles.

A partir de un cierto tamaño, estas placas dorsales empezaron a facilitar el salto o el vuelo planeado. La evolución que debió conducir a que estas placas se alargaran, articularan y alcanzaran una estructura más intrincada y musculosa puede que se iniciara entonces.

Las alas son características de los insectos, ya que son los únicos invertebrados que han podido conquistar el medio aéreo, lo que sin duda ha contribuido a su inmenso éxito biológico. La gran diversidad de estos órganos es útil además para realizar una clasificación de sus poseedores (los nombres de los órdenes de insectos acaban con el sufijo «-ptero», según la estructura de sus alas). Los insectos más primitivos, llamados «ápteros», no tienen alas. Son poco numerosos y ocupan, en general, ecosistemas menores. Existen otros géneros, pertenecientes a grupos evolucionados, que han perdido sus alas posteriormente. Este fenómeno puede afectar a toda una especie (pulgas, piojos), a algunas castas (termitas, hormigas), a uno de los sexos (las hembras en algunas mariposas) o a una fase particular de la vida (las termitas y las hormigas pierden sus alas tras el apareamiento).

Los insectos con alas se dividen en dos grandes categorías según la posición en reposo de estos órganos. Los más primitivos 6 (Paleópteros) las dejan en posición erecta (caballito del diablo y efémeras) o recostada (libélulas). El resto (Neópteros) puede llegar a replegarlas, reduciendo así el espacio y el riesgo de que el depredador las detecte.

Resulta imposible entrar en esta obra en los detalles de la estructura de las alas. No obstante, podemos decir que están constituidas por membranas recubiertas de nervaduras, de canales endurecidos por donde pueden circular los fluidos nutritivos. Asimismo, la evolución ha dado lugar a muchos sistemas para plegar las alas, con lo que el animal puede reducir bastante su superficie de reposo.

Además, los dos pares de alas raramente son idénticos, solo en pares tic alas ha desaparecido totalmente y se ha convertido en algo parecido a un balancín muy; í corto; como ocurre en particular en los Dípteros, orden al que pertenecen las moscas comunes, los tábano, etc. La frecuencia de aleteo de estas, especies alcanza valores impresionantes: 330 veces por: segundo, lo que implica una gran sofisticación (el aleteo, observado a cámara lenta, describe la forma de un ocho, muy favorable para volar):

EL ABDOMEN

En comparación con la cabeza y él tórax, el abdomen parece una estructura «desnuda» en la mayoría de los grupos de insectos y, además, algunos grupos primitivos (libélulas, caballitos del diablo). Lo más habitual es que las alas anteriores estén más endurecidas y, debido a la evolución, hayan ido adquiriendo una función protectora (como en las langostas),

Esta tendencia puede observarse con más frecuencia en los, Coleópteros, cuyas alas anteriores (llamadas élitros) no sirven para volar, sino que forman una especie de escudo rígido que recubre las alas locomotoras Este fenómeno puede observarse en la mariquita, que» para aterrizar, estrecha sus alas membranosas replegándolas y Seguidamente, las coloca debajo de sus populares élitros rojos con puntos negros.

En algunos grupos, uno de los dos se encuentra más cercana a lo que pudieron ser los primitivos Artrópodos. Su estructura segmentada es muy visible en la mayoría de los casos; antiguamente, tenían 11 metámeros, aunque, como consecuencia de fusiones e interpenetraciones, esta cifra se redujo (con excepciones como la cucaracha y la mayoría de los embriones).

Se cree que los antepasados de los insectos presentaban un par de apéndices en cada uno de estos segmentos, que habrían desaparecido debido a la evolución, con tres excepciones:

—          Los apéndices caudales presentan un aspecto desarrollado y complejo en algunos grupos. Las efémeras, por ejemplo, tienen en el extremo de su cuerpo una especie de horquilla larga que desempeña una función sensorial (los cercos). Las tijeretas también tienen apéndices que, en su caso, ejercen una función defensiva;

—           Los apéndices siguen estando presentes en ion número variable en diferentes grupos de insectos muy primitivos, que suelen incluirse dentro de los Apterigotos;

—           Los apéndices especializados en la reproducción, que en realidad son los únicos que han subsistido en todos los grupos de insectos y que reciben el nombre de gonópodos.

Los gonópodos pueden adoptar un gran número de formas diferentes, que trataremos cuando hablemos de la reproducción. En las hembras ejercen una función dedicada a facilitar la puesta de los huevos, una tarea importante, ya que los insectos pueden poner huevos en los más variados e inhóspitos entornos, como en el cuerpo de otros invertebrados, en el suelo o incluso sobre madera dura. El órgano recibe entonces el nombre de ovopositor; en ocasiones, puede retraerse dentro del cuerpo de la hembra o bien colocarse a lo largo de este cuando su tamaño es muy grande. El órgano genital del macho también varía considerablemente y por ello desempeña una función importante en la clasificación e identificación de las especies. Normalmente, el pene se retrae en reposo y suele asociarse a otros dispositivos que sirven para mantener a la hembra.

ACERCA DE LOS ARTRÓPODOS

¿Que diferencia hay entre insectos y artrópodos?

Los insectos suelen confundirse con mucha frecuencia con otros animales que, como ellos, pertenecen al filum de los Artrópodos. Sin duda, presentan puntos en común, en particular la cutícula, de la que hemos hablado antes. Sin embargo, para un científico, decir que la araña es un insecto, con la excusa de que ambos presentan una cutícula y patas articuladas, constituye un error tan grave como decir que una rana es un ave alegando que ambas tienen cuatro extremidades y pulmones.

En ambos casos, se trata de una confusión entre dos clases del reino animal. La segunda nos parece más aberrante simplemente porque hace referencia a animales biológicamente más parecidos a nosotros.

Por tanto, resulta indispensable explicar de forma sucinta la clasificación de los Artrópodos, a pesar de que esto puede suponer para el lector la aparición de algunos nombres bastante abstrusos, que intentaremos limitar al máximo.

Si dejamos de lado a los Trilobites, grupo totalmente extinguido que hace las delicias de los coleccionistas de fósiles, pero poco interesante para nosotros, podemos dividir a los Artrópodos en dos grandes grupos: los Aracnomorfos («con forma de araña») y los Antenados («con antenas»).

Los aracnomorfos (o quelicerados)

En él se incluyen varios grupos menores, como el de los cangrejos cacerola, una especie de fósiles vivientes acuáticos que existen en las costas de Australia. También encontramos aquí a la importantísima clase de los Arácnidos. A ella pertenecen numerosos órdenes en los que se incluyen animales fundamentalmente terrestres, con el cuerpo dividido en dos, ocho patas y unas pequeñas pinzas (los quelíceros) que flanquean su boca. En su mayoría son carnívoros, e incluso depredadores. Entre otros, pueden citarse:

— El orden de los Araneidos: son las clásicas arañas. Se caracterizan principalmente por su capacidad para tejer y su veneno, del cual se ha exagerado mucho el peligro que supone para el hombre;

— El orden de los Escorpiónidos: como se imaginan, se trata de los escorpiones. También son venenosos y, al contrario que las arañas, cuyo veneno es bucal, estos atacan con la cola. Su cuerpo es más alargado;

— El orden de los Acaros: sus representantes más conocidos son las garrapatas. Suelen ser parásitos.

Los antenados (o mandibulados)

En este grupo nos encontramos tres grandes clases, mientras que el anterior se dividía en una clase compuesta por tres órdenes:

—           Los Crustáceos: prácticamente todos son acuáticos, tienen dos pares de antenas y ocho pares

de patas (aunque hay que tener cuidado con este último criterio, ya que a menudo los apéndices se parecen a las patas sin serlo realmente, o, al contrario, las patas se retraen hasta el punto de ser casi invisibles);.

—           Los Miriópodos: son esencialmente terrestres, tienen un par de antenas y un gran número de pares de patas (inferior a mil, al contrario de lo que puede presuponerse debido a su nombre común);

—           Los insectos: tienen seis pares de patas, dos pares de alas, un par de antenas… imposible confundirlos con el resto. Se dividen en una treintena de órdenes diferentes.

Resumiendo un poco podemos ver que hay muchas especies insectos y alrededor de 200 millones insectos por cada persona, tienen normalmente tres pares patas, cabeza tórax, meso y metatórax, abdomen y algunos como los ciempiés tienen muchos más pares de patas a excepción de las arañas, escorpiones que tienen cuatro pares de patas.

Estos se encuentran en el grupo de animales de los artrópodos y de ojos compuestos, muchos los consideran una plaga en la tierra por atacar las siembras o cultivos pero no debemos verlos como plagas.

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Los insectos son animales artrópodos

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Creo que debemos aprender a convivir con estos animales como con cualquier otro, con sus virtudes y defectos.

Video sobre los insectos asesinos

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