El tarro canelo o (Tadoma fetruginea)

Se cree que hasta mediados del siglo XX el tarro canelo o (Tadoma fetruginea) aún criaba en algunas lagunas andaluzas. Y lo que sí es absolutamente cierto es que allí existía una invernada regular de esta especie que desapareció casi por completo a partir de 1965. Actualmente sólo crían unas pocas parejas en la isla de Fuerteventura, procedentes con toda probabilidad de la población africana.

El tarro canelo
Longitud: 63-66 cm
Envergadura: 80 cm
Peso: 925-1.640 g
Periodo de cría: de marzo a junio
Puesta: 8-9 huevos
Incubación: 28-29 días
Vuelo: 55 días

BIOLOGÍA

Las charcas de interior con aguas someras y algo salobres parecen ser el hábitat preferido de esta especie en nuestro país, aunque a lo largo de su área de distribución ocupa zonas húmedas de muy diverso tipo, desde lagos de montaña a 5.000 m de altura en el Tíbet hasta lagunas costeras en Marruecos. Para alimentarse prefiere zonas encharcadas o lagunas con vegetación de borde, pero se la ha visto pastar en campos de alfalfa.

Su presencia en Fuerteventura comienza en el mes de septiembre y hacia marzo comienza la construcción de los nidos. Aunque se conocen distintos tipos de ubicaciones para éstos, árboles y cavidades incluidos, el único hallado en la isla majorera estaba instalado sobre el suelo y relativamente lejos del agua. La puesta puede llegar hasta los 12 huevos, pero lo normal es que se componga de 8 o 9, que son incubados durante unas cuatro semanas. A las ocho semanas, aproximadamente, los pollos de el tarro canelo ya son capaces de volar, y hacia el mes de junio abandonan la isla con los adultos. La madurez sexual se alcanza a los dos años de vida.

La época estival es el periodo de muda del plumaje para el tarro canelo, y los de Fuerteventura seguramente la llevan a cabo en la costa atlántica marroquí, frente a la isla y en unas charcas litorales cercanas a Tarfaya. Allí se producen concentraciones de más de 150 tarros canelos durante las cuatro semanas que viene a durar la muda.

HABITAT

Las poblaciones asiáticas se desplazan hacia el sur y sudeste del continente en invierno. El mar Negro constituye la principal zona de invernada para cerca de 10.000 aves europeas. El resto son más bien sedentarias o realizan dispersiones, movimientos de poca amplitud en función de la disponibilidad de agua o para agruparse en la época de muda. Es posible que sigan llegando algunos invernantes a la Península, aunque podría tratarse de aves escapadas de cautividad.

AMENAZAS

La cría de la especie en España en la primera mitad del siglo xx no está totalmente comprobada, aunque se citaba su presencia como nidificante en las marismas del Guadalquivir y en la laguna de Fuente de Piedra. Es posible que también criara en la laguna de la Janda (Cádiz) antes de su desecación. Se sabe, sin embargo, que existía una invernada regular de hasta 500 aves en las marismas del Guadalquivir, en el único caso conocido de una especie que críe en África e intervienen en Europa. Esta invernada desapareció por completo ya desde finales de los años sesenta y ello probablemente tuvo que ver con el declive de la especie en dicha década en el norte de Marruecos, pues quizás eran estas aves las que cruzaban el Estrecho hacia el norte tras la cría.

El tarro canelo de Fuerteventura parecen tener su origen en la cercana costa marroquí, pues los núcleos reproductores más próximos se hallan en el lago Khnifiss. La primera noticia de nidificación en Canarias es de 1994 y se refiere a una pareja que crio 6 pollos, y desde entonces el número de parejas ha fluctuado hasta un máximo de 6 en 1999. Al parecer, ha existido un intento de cría también en Gran Canaria en 2002.

La pérdida de zonas húmedas supone una disminución del hábitat de nidificación (y así ha ocurrido en Andalucía y norte de Marruecos desde mediados del siglo xx), pero el tarro canelo es capaz de adaptarse a medios artificiales como embalses y charcas de riego. El obstáculo más grave es la pérdida de zonas de alimentación en el contorno de los aguazales, sea por el sobrepastoreo o por la excesiva presencia humana que impide a las aves aprovechar el basto.

La caza supuso un problema para la especie en España y sigue causando bajas, tanto en Marruecos como en Canarias, donde se sabe que los pollos han sido robados en más de una ocasión.

Actualmente no existen medidas de conservación más allá de vallar una charca donde crían; los tarros o intentar la cría en cautividad. Las medidas más eficaces debieran comenzar por evitar la destrucción del hábitat de cría en Marruecos, iniciando planes de cooperación con dicho país, y proteger de forma eficaz los humedales de Fuerteventura. La mortalidad de adultos podría frenarse evitando su caza y colocando sistemas anticolisión en los tendidos eléctricos de la isla. En esta misma línea de trabajo debiera ir una campaña de educación para evitar el robo de pollos y huevos. La cría en cautividad debe llevar un riguroso control para evitar escapes de ejemplares semidomésticos y, en cualquier caso, éstos deben ser marcados para distinguirlos de las posibles colonizaciones de aves marroquíes.

La población mundial se calcula en unos 130.000 a 200.000 ejemplares. La población europea está entre 9.000 y 15.000 aves, con tendencia a disminuir. En España hay entre 3 y 7 parejas nidificantes en Fuerteventura.

El tarro canelo

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