El gato doméstico y sus principales características

En este extenso pero práctico artículo hablaremos y tocaremos el tema del gato doméstico y sus principales características. Incluiremos en el tema a los callejeros, como viven en las ciudades, en el campo y en libertad sin olvidar que como mismo puede ser un animal salvaje también es un animal de compañía al que muchos deseamos tener siempre a nuestro lado.

La función de los animales en la naturaleza

El gato doméstico desciende del gato montés. Aquí trataremos de la importancia de los animales domesticados, el comportamiento de los gatos es según el lugar en que vivan y del grado de domesticidad, así como de la actitud que debe adoptar el hombre en su relación con ellos.

En la naturaleza no hay criaturas inútiles o nocivas, conceptos éstos introducidos por el hombre, que, desgraciadamente, es el único ser viviente cuyo comportamiento resulta perjudicial para el equilibrio biológico del planeta. Todos los seres vivos tienen una función precisa, e incluso los comportamientos que pudieran parecer destructivos tienen alguna utilidad.

El ejemplo siguiente es muy significativo de la función natural de los animales. En una isla vivían varias especies de animales, entre ellas ciervos y lobos Los hombres se dieron cuenta de que la población de ciervos no aumentaba convenientemente a causa de la acción depredadora de los lobos, y decidieron intervenir eliminando a éstos. Los ciervos crecieran rápidamente en número y llegaron a ser tan abundantes que terminaron por destruir toda la vegetación de la isla, con el resultado de que su propia especie acabó desapareciendo a causa de la falta de alimento.

El proceso de extinción fue acompañado por un progresivo debilitamiento físico de la especie, dado que la ausencia de lobos (cuya acción depredadora se desarrollaba a expensas de los individuos más débiles y viejos) había eliminado asimismo el proceso de selección natural que sirve para mantener en condiciones óptimas las características fisiológicas de cada especie.

Como se ve, los animales cazados sacan también provecho de la acción de los depredadores; cada especie viviente cumple una función precisa, y por eso cualquier intervención humana que modifique el estado natural sólo puede dar lugar, tarde o temprano, a peligrosos desequilibrios.

El libre albedrio

«El gato es un animal filósofo que lleva una vida regulada: de temperamento tranquilo, tiene costumbres fijas, es amigo de la limpieza y el orden, y no reparte sus afectos a trochemoche: desea ser vuestro amigo sólo si sois dignos de él, pero no vuestro esclavo. En su. Cariño, sin embargo, mantendrá su libre albedrío y no hará nunca nada que considere irrazonable; pero una vez que se os haya entregado enteramente, ¡qué absoluta intimidad, qué fidelidad de afecto!»

Teófilo Gautier

El gato de compañía

Hay gatos que viven siempre en la casa de su amo, del que dependen para la obtención diaria de alimento. Son los gatos domésticos, ahora ya lejanos de sus antepasados salvajes, que han perdido más o menos completamente la capacidad de autosubsistencia y ya no cumplen ninguna función compensadora en el ámbito de la naturaleza, si no es la de animales de compañía: función ésta en absoluto despreciable, si pensamos en los cada vez más numerosos seres humanos que sufren de soledad en las sofocantes y despiadadas aglomeraciones urbanas de nuestro tiempo.

La discreta compañía de un gato (único mamífero que se puede tener sin inconvenientes higiénicos en un apartamento urbano) es de gran ayuda para muchas personas que viven solas y olvidadas.

anuncios de gatos

Imágenes de gatos famosos

Han pasado 116 años desde que el barón Justus von Liebig decidiera usar tablitas con dibujos para anunciar su extracto de carne. Desde entonces (hasta 1975) se han grabado 1871 series distintas de aquellas imágenes, para disfrute de los coleccionistas. Al lado: dos gatos persas.

El gato doméstico en libertad

La población de gatos domésticos, en cualquier localidad del planeta, está constituida, en buena parte por aquellos gatos que ya sea en los pueblos o en el campo, viven en contacto con el hombre, aprovechando sus construcciones para refugiarse, pero libres de entrar y salir de ellas a voluntad. Reciben sobras de comida, pero llevan siempre una vida del todo independiente gracias a que conservan la capacidad de satisfacer por sí solos sus propias necesidades.

Entre los gatos domésticos libres, otro gran grupo digno de tenerse en cuenta lo forman los gatos vagabundos propiamente dichos que, en las ciudades (donde son cada vez más raros) y en el campo, viven cazando ratas, hurgando en los cubos de basura y alimentando, en su confrontación con el hombre, una desconfianza más o menos viva y por desgracia bastante justificada.

La función equilibradora del gato domestico

Los félidos constituyen uno de los más importantes elementos estabilizadores de la economía de la naturaleza; los gatos domésticos han extendido esa acción equilibradora a aquellos ámbitos humanos en que nuestra especie ha creado una situación que facilita la proliferación de roedores, protegidos y alimentados involuntariamente mediante las estructuras creadas por el hombre.

Incluso en nuestros días, los daños ocasionados por las ratas a los productos alimenticios en todo el mundo son enormes, y proporcionalmente debían ser mucho mayores en el pasado, cuando la humanidad no disponía de los medios de defensa con que cuenta actualmente. Habituándose a vivir en contacto con el hombre, los gatos domésticos frenaron la difusión de las ratas, con el consiguiente beneficio económico para nuestra especie.

el Gato Siamés

Los antiguos egipcios, que gracias exclusivamente a los gatos consiguieron proteger eficazmente de las ratas las grandes cosechas de los terrenos fertilizados por el Nilo, apreciaron de tal manera la importancia de los beneficios obtenidos que llegaron a hacer del gato un animal sagrado. Desgraciadamente, lo que comprendieron los pueblos de la antigüedad no fue comprendido más tarde, en los años oscuros del Medievo, y siguen sin entenderlo hoy día muchos países en los que los gatos son perseguidos por los gamberros y eliminados por las autoridades públicas con disposiciones que favorecen cada vez más, sobre todo en las grandes ciudades, unas espantosas invasiones ratoniles, con grave daño económico e higiénico.

Diversas campañas contra los gatos, seguidas generalmente de desastrosas invasiones de roedores, se han llevado a cabo, en esta segunda mitad del siglo, en China y en muchos otros países, donde a menudo las autoridades persiguen a los gatos con un empecinamiento fuera de toda lógica, determinado por el general desconocimiento sobre la importante función social que siguen desempeñando los gatos, tanto en las modernas aglomeraciones urbanas como en el campo.

Los gatos vagabundos en el campo

Pues bien, los gatos domésticos que vagabundean por el campo y por los suburbios de las ciudades conservan por lo general los mismos hábitos que sus antepasados salvajes: cada uno de ellos actúa en un territorio determinado, donde no admite la presencia de otros felinos. Conservan instintivamente las costumbres ancestrales, puesto que cada territorio sólo puede producir una cantidad limitada de alimento.

Los gatos vagabundos en el campo

Como vivo en el campo he tenido la oportunidad de experimentar personalmente durante largo tiempo este comportamiento felino. En mi amplio jardín tengo varios gatos, recogidos en la ciudad e inmediatamente esterilizados, y les doy comida regularmente; tienen una caseta en la que entran espontáneamente al caer la tarde y de la que pueden salir con toda libertad a la mañana siguiente. He adoptado este sistema para evitar las numerosas muertes que se producen regularmente entre los animales que están sueltos toda la noche. En mi jardín entran de vez en cuando gatos vagabundos, y procuro darles siempre comida, con toda la sagacidad necesaria para aplacar su desconfianza.

A veces alguno de ellos decide instalarse en mi terreno porque encuentra refugio adecuado y un abastecimiento regular de comida. Me gustaría que todos los gatos callejeros que pasan por allí sé quedasen para siempre, pero esto no sucede jamás; no puede suceder porque, en cuanto uno de esos animales elige mi jardín como su territorio, los que llegan después son invasores no tolerados en una zona ya ocupada.

La excepción la constituyen normalmente los gatos eterizados recogidos en la calle, porque no molestan con su presencia «neutra» al gato vagabundo de campo.

Generalmente, aparte de las periódicas ausencias debidas a la necesidad de apagar los estímulos sexuales, el gato callejero que se instala en mi jardín se hace «dueño» del mismo hasta que entra en él otro gato callejero más fuerte, capaz de expulsarlo y apropiarse del territorio.

En el curso de los años esta alternancia de gatos, primero amos del territorio y luego expulsados de él por otro «invasor», se ha hecho inexorable, a pesar de que yo hago todo lo posible por evitarlo: les proporciono comida como para satisfacer a una legión de animales famélicos e intento separar a los contendientes empeñados en una lucha definitiva, al término de la cual el vencido abandona el territorio. Pero todo esto no cambia su comportamiento, simplemente ratifica que sus pautas de conducta se rigen por los hábitos de sus antepasados salvajes.

Este comportamiento, propio de todos los gatos nacidos en libertad, no suele darse en aquellos gatos vagabundos que, por haber nacido cerca de lugares habitados, con mayor contacto con el hombre y sus estructuras, viven en un medio en el que la «territorialidad» no es indispensable, dado que la abundancia de recursos nutritivos puede garantizar la supervivencia de todos los gatos aunque actúen en un área restringida.

La inquietante mirada de un gato vagabundo nos recuerda los problemas de los gatos callejeros en las grandes ciudades.

El instinto de caza está presente en todos los gatos

Aparte de los gatos de compañía, que viven siempre encerrados en casa de su amo, todos los gatos domésticos que pueden salir a la calle desempeñan la importante función de limitar la propagación de las ratas, independientemente de que sean alimentados por su amo, ya que el instinto de la caza está presente en todos los gatos, aunque estén bien nutridos y desligados, por tanto, de la necesidad de buscar comida. Por el contrario, son de hecho los animales bien alimentados por el hombre los que demuestran más paciencia y constancia en acechar a las ratas, los otros, debilitados por la falta de comida, prefieren buscar cómodamente sustancias alimenticias entre la basura que fatigarse durante toda la noche en busca de ratas.

Los gatos callejeros

Los gatos callejeros eran bien conocidos de todos aquellos que visitaban los parques, jardines y monumentos antiguos de las ciudades, donde pasaban plácidamente los días durmiendo o aseándose el pelo al calor del sol, para luego ponerse a cazar ratas al caer la tarde. Gatos callejeros hermosos y útiles, presentes también en los barrios de todas las ciudades. Últimamente son menos numerosos por varias razones, entre las que se encuentran las persecuciones a que los someten los gamberros y otras personas instigadas por los administradores de comunidades so pretexto de saneamiento, que se traducen en un aumento del número de ratas, cuya expansión viene siendo denunciada regularmente durante los últimos años.

Mucha gente acusa a los gatos callejeros de ensuciar las viviendas, lo que es falso, ya que estos animales, por instinto natural, depositan siempre sus excrementos donde puedan enterrarlos, a fin de ocultarlos a la vista. Es cierto que los zaguanes de las casas viejas despiden a veces el típico «olor a gato», pero en este caso no se trata de emisiones corporales normales, sino de esas rociaduras que los felinos efectúan como reclamo amoroso durante la época del celo.

En realidad los gatos domésticos no dan lugar a ningún inconveniente higiénico serio y pueden por otra parte resultar muy útiles, al igual que los de campo. Las persecuciones a que se los somete son siempre fruto de la estupidez y la ignorancia, cuando no de la maldad. Dejarlos vivir en paz es cuanto debería hacer el hombre, además de adoptar algunas medidas oportunas.

El control de la reproducción de los gatos

gata en celoLa predisposición de las gatas al apareamiento (en la foto de la derecha vemos una posición típica de la gata en celo) multiplica los problemas del vagabundeo en los centros urbanos.

En una sociedad verdaderamente civilizada la relación con los animales que viven libremente en contacto con el hombre debe tender a asegurarles lo necesario para vivir, garantizando al mismo tiempo el control constante de la natalidad. Son problemas que se pueden resolver con un poco de buena voluntad por parte de los ciudadanos y sobre todo de las autoridades públicas, recurriendo a los modernos medios de esterilización y aprovechando la colaboración de aquellas asociaciones que actúan con seriedad en el sector de la protección a los animales.

Estrategias de combate del gato

Para intimidar a un animal de mayor tamaño por el que se siente amenazado, el gato recurre a la conocida técnica de arquear el lomo y erizar el pelo, con la cola ligeramente vuelta hacia arriba, a fin de dar al enemigo la impresión de ser más grande; esa impresión es acentuada por el hecho de que el gato se coloca ligeramente de lado respecto a su adversario.

La actitud se hace más intimidatoria con la mímica: las orejas replegadas, los ángulos de la boca extendidos hacia atrás, el hocico levantado, mientras un refunfuño ligero, pero amenazador, sale del pecho del animal y se transforma poco a poco en un bufido rabioso; las fauces se abren de par en par, mostrando los caninos, mientras el hocico se encrespa cada vez más.

gato en combate

Tanto la actitud amenazadora como el propio ataque tienen una función defensiva, ya que el gato prefiere siempre evitar la lucha, sobre todo con animales de mayor tamaño. La mímica que acabamos de describir es fácil de observar cuando un gato se encuentra inesperadamente ante un perro grande, antes de poder huir; si el perro sigue acercándose y rebasa el límite que el felino considera de seguridad (la «distancia crítica»), entonces el gato, en vez de intentar la huida, pasa al ataque, abalanzándose sobre el perro, mordiéndole y arañándole la cara y buscando los puntos más sensibles, como los ojos y el hocico; si el adversario retrocede, aunque sólo sea por un segundo, el gato aprovecha para escapar, demostrando así que el breve ataque sólo pretendía crear la ocasión propicia para una retirada estratégica

El respeto a las reglas entre los animales

En la naturaleza los gatos son animales solitarios que viven dentro de un territorio de caza propio, defendiéndolo de la intrusión de otros congéneres. Se trata de la aplicación instintiva de una ley natural que responde a unas precisas exigencias biológicas. Un felino que caza en un área determinada desempeña una utilísima actividad biológica, conteniendo la excesiva proliferación de otros animales; si los felinos se concentrasen en una zona, llevarían a cabo una acción destructiva que terminaría volviéndose contra ellos, porque el alimento escasearía.

Los gatos domésticos, alimentados regularmente por su amo, o residentes en zonas donde los asentamientos humanos les ofrecen aun indirectamente considerables recursos alimenticios (desechos, poblaciones ratoniles particularmente bien nutridas, etc.), escapan a esta regla, válida, sin embargo, para muchos gatos que viven libres en el campo. En mi parcela tengo muchos gatos a los que he recogido en la calle y luego esterilizado y alimentado correctamente. No habiendo entre ellos rivalidades de sexo ni de abastecimiento alimenticio, la convivencia pacífica está asegurada. De vez en cuando aparece algún gato callejero, al que siempre procuro dar de comer.

Hace algún tiempo comenzó a frecuentar regularmente mi «mesa» un macho de aspecto imponente: cabeza enorme, dentadura formidable y cuerpo grande y musculoso. Comía, desaparecía durante algunos días y luego reaparecía el tiempo necesario para llenarse el estómago. La cosa siguió así durante algunos años, hasta que un buen día se presentó otro macho, no joven, enfermizo, que tras los primeros suministros de comida parecía decidido a no marcharse más. A diferencia del anterior, sentía la necesidad de establecerse definitivamente.

Cuando los dos gatos, vagabundos y sin esterilizar, se encontraron frente a frente, surgió de repente entre ellos la instintiva rivalidad territorial. Comenzaron a amenazarse con los característicos quejidos, erizando el pelo, curvando la cola y enseñando los dientes. La primera vez conseguí separarlos, aunque sabía que a la postre todos mis intentos resultarían vanos: si los dos animales estaban decididos a medirse para establecer la soberanía del territorio, no había nada que hacer. Y tras algunos días de amenazas y amagos, se llegó por fin a un encuentro definitivo: una lucha feroz en la que tuvo más peso la determinación que la fuerza física.

De hecho el segundo gato, un poco escuálido pero absolutamente decidido a disfrutar de una situación de la que con toda probabilidad dependía su supervivencia futura, terminó llevándose la mejor parte frente a un congénere que, aunque más fuerte, no estaba motivado por esa necesidad.

Después de aquella ruidosa contienda, el primer gato desapareció para no volver más. Había aceptado el «veredicto de la selva», sin los resentimientos y rencores típicamente humanos. Y el segundo, maltrecho vencedor, pudo gozar en paz el beneficio de su victoria.

¿Qué relación tienen los gatos domésticos con los callejeros?

Desde el momento que los gatos son animales útiles que, en cualquier caso, no acarrean ninguna molestia seria para el hombre, lo menos que se puede hacer por ellos es dejarlos vivir tranquilos.

En realidad habría que hacer algo para intentar proteger a estos animales sobre todo en aquellos lugares en los que su vida callejera resulta particularmente dura.

Y al recordar que una de las peores formas de canallada es la tendencia (por desgracia bastante extendida, sobre todo durante las vacaciones) a deshacerse de los animales domésticos abandonándolos en medio de la calle, añadiremos que también hay ciertas formas de ayudar a los gatos que producen consecuencias negativas si no van acompañadas de medidas oportunas.

En las ciudades hay personas que asisten a los gatos proporcionándoles comida todos los días: es una obra meritoria pero que, para resultar verdaderamente útil, debe ir necesariamente acompañada de la oportuna esterilización, a fin de impedir la excesiva proliferación de estos animales. Sólo así se puede evitar que la población felina se haga demasiado abundante como para asistirla con eficacia.

¿Cambian sus costumbres los gatos callejeros en la ciudad?

En las ciudades los gatos no conservan los hábitos «territoriales» de los gatos de campo, no pueden hacerlo a menudo forman pequeños grupos más o menos numerosos en las pocas zonas donde consiguen encontrar refugio, y de ninguna manera pueden satisfacerlas necesidades del estómago. Por lo general, viven reunidos en una especie de agrupación contraria a su naturaleza, impuesta por las circunstancias y carente de cualquier solidaridad de grupo (inexistente en animales individualistas por naturaleza) Esparcidos por las zonas donde encuentran o creen encontrar refugio, los gatos callejeros intentan sobrevivir sin molestar al hombre quien además, tiene la suerte de ver limitada la presencia de ratas en las áreas urbanas.

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Me llamo Félix García y soy un fiel amante de todos los animales y por eso he creado este sitio para facilitar la información para muchos que como yo le gusta todo lo relacionado con este fascinante mundo que es el de los animales. Tambien soy el creador de Cable de redes.

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