El avetoro común

El avetoro común o (Botaurus stellaris) es una de las especies más amenazadas en España. Su población actual no parece superar los 25 machos territoriales y ha desaparecido de enclaves donde históricamente ha criado, como las marismas del Guadalquivir o el delta del Ebro. La tendencia general en el resto de Europa no parece dar pie a la esperanza de que nuestras poblaciones se recuperen por recolonización de aves foráneas.

El avetoro común
Longitud: 64-80 cm
Envergadura: 125-135 cm
Peso: 867-1.940 g (la hembra es más ligera)
Periodo de cría: de marzo a junio
Puesta: 4-5 huevos (máximo de 7)
Incubación: 25-26 días
Vuelo: 50-55 días

BIOLOGÍA

Como otras garzas, es una especie de medios húmedos, tanto en época de cría como en invierno, aunque en esta época del año es menos exigente en cuanto al hábitat. Cualquier tipo de aguazal con suficiente vegetación le sirve fuera de la estación reproductora, pero durante ésta opta por carrizales en agua dulce o poco salobre, siempre que los niveles no fluctúen demasiado. Su alimentación básica está formada por peces, anfibios, reptiles e invertebrados acuáticos, sin desdeñar las puestas de otras aves.

Es un ser de costumbres muy recatadas y difícil de detectar ya que raramente emprende el vuelo y prefiere deslizarse entre el carrizo o camuflarse con él adoptando su típica postura con el cuello erguido. Por este motivo, los censos de la especie resultan bastante complicados y se basan en la detección nocturna de los machos en época de cría, cuando proclaman la posesión de su territorio emitiendo un ronco mugido, como si alguien soplara el cuello de una botella. De esta manera, las cifras de censos se suelen referir a número de territorios o machos, más que al de parejas, ya que a veces es difícil constatar la reproducción.

Entre marzo y junio se produce la puesta, aunque se conocen casos excepcionales de aves incubando ya en el mes de enero. Los machos pueden ser polígamos, otra razón más para no hablar de parejas en los censos, y pueden emparejarse hasta con cinco hembras. El nido, formado por materia vegetal, se sitúa casi siempre sobre la vegetación o, en contadas ocasiones, en d ramaje de algún árbol. Es construido por la hembra, que se ocupa en solitario de la incubación de sus 4 a 5 huevos y de todas las tareas de cría de los pollos, que no comienzan a volar hasta al cabo de 50 días. La madurez sexual se alcanza al año de vida.

HABITAT

Las poblaciones más norteñas de Eurasia son miradoras y se desplazan hacia el sur tras la cría. Las aves españolas son bastante sedentarias, con desplazamientos dispersivos posnupciales, y no suelen recorrer grandes distancias salvo en el caso de presentarse circunstancias meteorológicas muy adversas. En invierno la población aumenta con la llegada de ejemplares de norte de Europa.

AMENAZAS

Los problemas de el avetoro común son parejos a los de casi todas las aves de los humedales españoles. La mala gestión de estos sistemas e incluso su desecación, con fines sanitarios o agrícolas han causado disminución de las poblaciones de muchas especies de acuáticas. A todo ello se han sumado prácticas cinegéticas poco o nada respetuosas con una gestión conservacionista. Baste recordar la historia de especies como el calamón o la malvasía canela.

Sin embargo, así como la corrección de una parte de esos problemas ha permitido la recuperación de las otras especies mencionadas, el avetoro común entró en declive y su población está sujeta a fuertes oscilaciones fruto de la mala gestión de los humedales y de las circunstancias climatológicas. Así, los periodos de sequía producen descensos drásticos de población e incluso la desaparición definitiva o temporal de núcleos de cría locales.

Una práctica común, como la quema de carrizo para abrir claros en las charcas, puede ser controlada dentro de un programa general de gestión que podría incluir el pastoreo de herbívoros, como se ha hecho en la Albufera de Alcudia (Mallorca). Sin embargo, la gestión de la vegetación no siempre es la idónea para mantener un nivel de cobertura adecuado, de la misma manera que no lo es la regulación de los periodos de inundación, lo cual influye en el ritmo de crecimiento del carrizo. Por otra parte, ciertos productos fitosanitarios afectan al éxito reproductor de el avetoro común y a otras garzas así como a sus presas potenciales contra las que van dirigidos estos pesticidas.

La modalidad nocturna de algunas prácticas cinegéticas y el alargamiento de la temporada de caza hasta bien entrado marzo también perjudica aún hoy día a los avetoros en algunos humedales, de manera que impide su recuperación o recolonización, como probablemente está ocurriendo en el delta del Ebro. Finalmente, ciertas infraestructuras como los tendidos eléctricos, las alambradas o las carreteras cercanas a zonas húmedas pueden causar la muerte de aves adultas, como se ha podido demostrar en distintas ocasiones.

Las medidas de conservación propuestas son bastante evidentes. La gestión de humedales debe contemplar el mantenimiento de unos niveles hídricos regulares durante la época de cría y una gestión racional de la vegetación. También debe procurarse aumentar la superficie de hábitat idóneo en el entorno de la zonas actuales de cría y en los espacios donde llegó a nidificarse. En todas estas zonas debe regularse la caza de manera que no interfiera con las fechas de cría de ésta y otras especies de acuáticas, y finalmente, debe existir un seguimiento científico de la especie para localizar todos los territorios de cría y determinar sus parámetros reproductores de cara a la conservación de la especie.

La población europea en declive en muchos países del continente se cifra en un máximo de 54.000 parejas, la mayor parte en Rusia. La población española sufrió un fuerte descenso desde la mitad del siglo XX. En muchas zonas experimentó fuertes oscitaciones asociadas a periodos de sequía. Actualmente se cifra en unos 25 machos territoriales: en Baleares, 3 machos en 2001; en Cataluña, 1 macho en 2001; en Aragón y Navarra, 12-17 machos territoriales en 2002; en Castilla-La Mancha, 3 machos territoriales en 1998; en Andalucía, 1 macho territorial en 2004.

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