¿Cómo detectan los carnívoros a sus presas?

leona al acecho
Todos los sentidos alerta, todos los músculos contraídos… La leona se agazapa en las altas hierbas de la sabana, espera el momento propicio para saltar y atacar a su presa.

Para un carnívoro, cuya supervivencia depende enteramente de la carne de que se alimenta, es muy importante detectar precisamente una presa y reconocerla en el mundo que le rodea. Si este carnívoro es un carroñero, se servirá esencialmente de su olfato. Pero en un cazador, todos los sentidos son solicitados para detectar una presa, y las técnicas de caza son tan numerosas que un libro como éste no bastaría para describirlas. Algunos, como los felinos y los cánidos, utilizan principalmente su olfato, su oído y su vista. Otros, a los cuales estamos menos habituados, apelan a los mismos sentidos, pero en condiciones diferentes.

Un tiburón, por ejemplo, capta a muchos kilómetros de distancia las vibraciones emitidas por un pez herido. Al avanzar hacia él, es capaz de apreciar el menor rastro de sangre a varios centenares de metros; finalmente ve bien a su víctima a unos veinte metros, incluso aunque la luz sea débil. Después, girando a su alrededor y rozándose con ella, la «gusta» gracias a órganos sensoriales situados en su piel. Sin contar los detectores de corriente, de presión y de temperatura de que está equipado, un tiburón está, pues ampliamente informado sobre su presa antes de emprender su ataque.

Otros cazadores utilizan detectores a veces sorprendentes. Este es el caso del crótalo, que deja huir a su presa después de haberla mordido. La encontrará, agonizante o muerta, gracias a su olfato, desde luego, pero sobre todo gracias a los detectores de calor que posee en la cabeza. A 50 centímetros es capaz de detectar una diferencia de temperatura de 0,2 °C. Pero no todos los carnívoros persiguen a sus presas.

Muchos cazan al acecho, esperando pacientemente a las que pasan cerca de ellos. Así, lucios, murenas, congrios están prestos, con todos los sentidos alerta, para lanzarse sobre el imprudente. Aquí son la vista y el olfato, pero también la percepción de las vibraciones del agua, los que ayudan al depredador a detectar la víctima. En otros, el tacto desempeña un papel esencial. Así hay muchos carnívoros fijos, tales como las hidras y las anémonas de mar, pero también animales libres, como las medusas. Aquí son las presas quienes, rozándolas demasiado cerca, desencadenan el ataque venenoso de los tentáculos.

Radares y sonares naturales

Lechuza y murcielago
Murciélago (arriba) y lechuza (abajo) utilizan sus sentidos aguzados para cazar de noche: los sonidos para el primero, la vista y los sonidos para la segunda.

Cuando se es ciego, o casi, como la mayoría de los murciélagos, no siempre es fácil localizar las presas. Estos animales soslayan el problema emitiendo sonidos y captándolos después que han rebotado sobre un objeto. Este sistema, llamado ecolocalización, es tan preciso que permite a un murciélago localizar un insecto en vuelo y evitar los obstáculos. Los delfines, en sus inmensidades oceánicas, detectan de la misma manera bancos de peces y enemigos.

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Me llamo Félix García y soy un fiel amante de todos los animales y por eso he creado este sitio para facilitar la información para muchos que como yo le gusta todo lo relacionado con este fascinante mundo que es el de los animales. Tambien soy el creador de Cable de redes.

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