La Canastera común o Glareola pratincola

Canastera común o Glareola pratincola

Longitud: 24-27 cm

Envergadura: 60-70 cm

Peso: 70-90 g

Período de cría: mayo a agosto

Puesta: 3 huevos

Incubación: 17-19 días

Vuelo: 33-35 días

El valle del Guadalquivir y Extremadura acogen casi toda la población española de canastera, cuyos efectivos no deben superar las 2.700 parejas. La transformación del hábitat ha supuesto la pérdida de espacio para la nidificación de esta especie que además sufre el acoso de depredadores oportunistas o introducidos y las molestias derivadas de las actividades humanas.

Donde vive el Canastera común

La subespecie nominal, pratincola, cría en las cuencas del Mediterráneo, Mar Negro y Mar Caspio, y llega hasta Kazakshtan por el este. Las otras dos subespecies, erlangen y fuelleborni, se distribuyen únicamente por África tropical. En España sólo cría en la Península, fundamentalmente en Andalucía y Extremadura.

Biología

Es una especie de cría colonial, que suele instalarse en terrenos llanos, arrozales, pastizales, sembrados de distintos tipos y barbechos, siempre próximos a humedales, sean ríos, embalses, lagunas o marismas. Su alimento principal son los insectos, que cazan al vuelo o atrapan sobre el terreno, a veces en bandadas vocingleras, sobre todo durante el crepúsculo y horas posteriores.

Hacia finales de invierno o inicio de primavera, las canasteras llegan a sus áreas de cría y comienzan el cortejo nupcial que consiste en vuelos y maniobras rápidas y ceremonias de saludo en el suelo. El nido es una pequeña depresión apenas guarnecida de algunos restos vegetales, donde la hembra pone alrededor de tres huevos. Ambos padres se ocupan de la incubación y de la alimentación de los pollos que, como la mayoría de los limícolas son nidífugos, es decir, muy precoces en abandonar el nido y comenzar a seguir a sus progenitores.

Así se mueve esta ave

Las poblaciones del Paleártico son migradoras y en su gran mayoría pasan el invierno en África tropical.

Amenazas del Canastera común

Como ocurre con otras especies de medios esteparios, la canastera ha visto descender sus poblaciones por la pérdida o alteración del hábitat disponible. Las inundaciones estacionales producidas por el desbordamiento de los ríos (las famosas tablas manchegas) daban lugar a una de sus zonas preferidas para el asentamiento colonial. Tras la canalización de los ríos Záncara, Cigüela y otros, y la transformación de gran parte de dichas zonas inundables en cultivos, las canasteras han seguido ocupando una parte de esas antiguas tablas aunque con resultados irregulares, ya que el laboreo agrícola en época de cría produce pérdida de huevos y pollos, tanto en provincias manchegas como andaluzas. En esta comunidad, el 97 por ciento de las zonas de cultivo en las que ahora crían éstos limícolas fueron terrenos marismeños a principios del siglo pasado.

Otros factores de riesgo afectan al éxito reproductor de la canastera, dependiendo de las zonas. A la depredación de pollos y huevos por parte de zorros, jabalíes o animales domésticos como los gatos, se añade la destrucción de nidadas por causa del trasiego de ganado o los cambios de nivel hídrico. Un problema añadido es la presencia humana prolongada en las colonias de cría o sus inmediaciones, ya que interfiere en las labores de incubación o cuidado de los pollos.

Para finalizar, se puede mencionar la pérdida de jóvenes o adultos por causas accidentales, como los encontronazos con alambradas, tendidos eléctricos o vehículos.

Por el momento, no se han tomado medidas específicas de conservación, que podrían ser comunes para otras especies esteparias, como los incentivos a los agricultores para que eviten daños a las colonias de canastera durante la época de cría, la recuperación de tablas y otros humedales, el mantenimiento de barbechos durante la temporada estival y, en general, cualquier otro tipo de actuaciones que favorezcan el asentamiento colonial, el mantenimiento de zonas de cría tradicionales y el éxito reproductor. El seguimiento periódico de las colonias y los censos de población proporcionarían, además, información básica para elaborar los planes de conservación.

Cuantas aves quedan actualmente

Llegó a ser considerada una especie común en las marismas del Guadalquivir en los años 60 (cerca de 50.000 ejemplares), localidad que concentra la mayor parte de su población. En décadas siguientes se han barajado cifras dispares, desde centenares hasta pocos miles, lo que parece confirmar que la especie muestra notables fluctuaciones anuales de población. No parece que actualmente supere las 3.500 a 5.000 parejas reproductoras en todo el conjunto de España.

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