La Avutarda común Otis tarda

Avutarda común u Otis tarda

Longitud: 75-105 cm

Envergadura: 210-240 cm (macho)

Peso: hasta 16 kg (machos); hasta 4,5 kg (hembras)

Periodo de cría: marzo a junio

Puesta: 2-3 huevos

Incubación: 21-28 días

Vuelo: 35 días

La mayor parte de las avutardas comunes se distribuye por Castilla-León y Extremadura, y su población sufrió un fuerte descenso, cercano al 30 por ciento, entre los años 60 y 80, hasta que se prohibió su caza. Aunque éste fue el principal motivo del declive de la especie, la recuperación no se ha producido al ritmo deseable, por causa de los rápidos cambios en el medio agrícola y la pérdida de hábitat.

Biología de la Avutarda común

Su hábitat idóneo son las extensiones llanas y abiertas con cereal de secano, mejor si se presenta un mosaico de cultivos extensivos, barbechos, alfalfa u otras leguminosas de secano y pastizales o prados en época estival puede elegir cultivos de girasol o arbolados abiertos como las dehesas o los almendrales.

Llegado el celo, los machos de avutarda se exhiben en “arenas” o terrenos abiertos, donde pueden ejecutar su vistosa “rueda” (exhibición de cortejo) a la vista de las hembras; allí tienen también lugar los apareamientos. Como dichos enclaves son tradicionalmente utilizados tras una selección de generaciones de aves, su pérdida puede suponer la desaparición del grupo reproductor.

Las hembras se ocupan de la incubación y crianza de los pollos, que son muy despiertos y siguen a la madre al poco de nacer. Su alimento básico durante las primeras semanas son los insectos y dependen de la madre entre seis meses y un año, hasta que se independizan y comienzan a dispersarse fuera de su área natal.

Durante el verano, los machos abandonan las zonas de cría para recuperarse y mudar el plumaje. En invierno forman grandes bandos mixtos que aumentan según los machas regresan dé las zonas estivales a su área de reproducción. Dichos bandos se deshacen al inicio de la primavera, cuando éstos comienzan a ocupar las arenas de exhibición.

Así se mueve esta ave

Es una especie capaz de realizar grandes desplazamientos dispersivos, a veces de hasta 250 km entre las áreas de cría, las estivales, y las de invernada, aunque algunos individuos son más sedentarios que otros. Los machos jóvenes tienden a establecerse para criar en “arenas” distintas de las que nacieron, mientras que las hembras guardan más fidelidad a su territorio de origen.

Amenazas de la Avutarda común

Como otras especies esteparias, la avutarda soporta mal pequeñas alteraciones del hábitat que suelen conducir a extinciones locales de núcleos reproductores, la mayor parte de las veces irreversibles. La pérdida de hábitat de reproducción en una zona puede provocar la emigración a otras áreas de cría, donde el aumento de densidad puede conducir a una disminución del éxito reproductor.

La degradación de su medio se produce como consecuencia de la intensificación de la agricultura y la consiguiente simplificación del paisaje. Desaparecen los linderos, los barbechos y los rastrojos; se roturan los pastizales naturales; se produce una concentración parcelaria; aumentan los regadíos y la utilización de pesticidas que eliminan los insectos (alimento de los pollos); aumenta la presencia humana y la utilización de grandes cosechadoras; se vallan las fincas, en definitiva, el paisaje pierde diversidad y recursos, aumentan las molestias para las aves y sus poblaciones se fragmentan y condensan en los pocos sitios habitables.

Por otro lado, los cambios agrícolas requieren mayor dotación de infraestructuras, como tendidos eléctricos, alambradas, caminos y carreteras que aumentan la mortalidad de las aves. La caza ilegal es otro factor a tener en cuenta, especialmente de machos en primavera, pero el principal motivo de preocupación es la demanda de algunos sectores del mundo cinegético de abrir la veda de esta especie a pesar de su precaria situación.

No puede decirse que sean pocas las medidas tomadas hasta el momento para su conservación, sin embargo, sigue siendo necesaria una más estricta protección de su hábitat, tanto desde el fomento de la agricultura extensiva tradicional o la declaración legal de más áreas protegidas, como desde el control en la instalación de tendidos eléctricos, vallados y otras infraestructuras. Aumentar el conocimiento biológico de la especie y divulgar sus problemas de conservación constituyen otras prioridades.

La población occidental se calcula en unas 40.000 aves, la mayor parte de las cuales viven en la península Ibérica (60 por ciento), Rusia (25 por ciento) y Turquía (10 por ciento). España acoge en torno a 23.000 avutardas, buena parte de ellas en Castilla y León (más de 10.600), Extremadura (5.000) y Madrid (1.300). En algunas zonas como León o Zamora se han detectado importantes incrementos de población, pero podrían deberse, en buena parte, a inmigración de aves procedentes de otras zonas donde son perseguidas y no a una tendencia global.

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